viernes, 13 de octubre de 2017

Día 1209: Debutante

La vez que debutó Iván fue todo un evento en el barrio. Los vecinos se juntaron a la puerta, contentos, por supuesto, que el pequeño más deseado por todas las chicas por fin fuera a mojar la vainilla. Mocosos de ocho años, nueve, en bicicleta repartían unas tarjetitas: "vení a festejar el debut de Iván, traé gaseosa... o mate. Si tenés hambre traé unos bizcochito"
Mamá tenía los cachetes pintados de orgullo. El más pequeño, por fin, capaz que hasta tiene suerte y embaraza a la chica. Cuánta alegría. Hasta había pensado lo peor. Si, se hablaba mucho ya de Ivancito. Capaz le gustan otras cosas. Tal vez quiere ser Cura. Por ahí tiene algún problema en la entrepierna. Pero no, nada de eso. Ivancito esperaba la indicada, claro, era eso, qué tonta, pensar que su nene iba a salir desviado, como esas mariconas de la tele. No, no, Ivancito era bien macho, de los que partían baldosas con su hombría.
Los nenes, algunos más grandes, con pelos en las piernas, ya habían debutado, algunos, no todos. En la vereda jugaban a la pelota, mientras esperaban el anuncio de la doña. El anuncio. Desde la asunción de Francisco que nadie estaba tan contento en el barrio. Un papa argentino y su hijo pródigo al fin iniciado en los caminos del placer.
Los primeros gritos no tardaron en llegar. La cosa iba bien. Uno de los amigos de Ivan descorchó una sidra, ¿esto es una fiesta o qué? y así empezó todo. Una fiesta larga. Larga. Larga. Tan larga como la vida. Adentro, y afuera. Adentro, y afuera. Adentro, y afuera. Una semana, un mes, no se sabe cuánto. Como esa escena de Matrix en loop, pero sin música electrónica.
Adentro pasaron cosas, algunas sexuales, otras no tanta. La característica de la desmesura, oculta al resto, cuando algo se sale del control y termina en un pozo sin fin. Ivancito tuvo su mentado debut. Tardaron bastante en sentir el olor a cadáver que salía de la habitación.

jueves, 12 de octubre de 2017

Día 1208: Soy este momento

Si tuviera que comenzar no termino más. Por eso prefiero la indolencia. Ese gusto a quedarme en el medio, con las cosas no tan hechas. Me ufano en el placer de la nada. Para escribir las mil palabras y los quince minutos, con la gloria del Nobel y los sueños que se desperdician. Fallo con más ganas, soy este momento.
Si mi mundo colapsara por lo que ocurre. Si la picadora de carne revirtiera el proceso. Para quedarme cómodo con este cuerpo de caricatura. Es la fábrica de hacer abismos. Que contraten a otra persona. Con mi frustración es suficiente. Es el modo y la pausa, para cuando deje de quedar algo. 

miércoles, 11 de octubre de 2017

Día 1207: Mutismo

Podré hacer culto al silencio todo lo que se me de la gana. Se acabaron los tiempos de las palabras. Ya no sirve. Son ruido y mugre. Innecesario. De así quedarme callado por siempre. Vengo a esta rincón cada vez que puedo. Es una suma de negros y grises. Ruido.
Aparte nosotros, los desencadenados. En el lado correcto del fusil, no seremos más. Esta cosa de no respirar, de no existir. Atribuyo el sentido a la falta del mismo. No tengo más. Este límite me sienta bien. Después juego con lo incierto. Pero eso también se acabó. Prefiero ser el aburrido muerto del que nadie espera algo. La comodidad de la tumba y el gusano. No intenten erradicar esta confusión. 
Tendría que abandonar la esperanza. Es un recurso remanido. No veré cuando caiga todo. Me sostengo de las circunstancias y opero en vuelo bajo. Que el cráter sea si desánimo. No más para hacer.

lunes, 9 de octubre de 2017

Día 1206: Redacción automática

Verán, este es el asunto, en el año 2406 la gente se cansó de las películas. Las mandaron todas al triturador orgánico. Los seres humanos de esa época creían haberlo vivido todo. Y estaban en lo cierto. Era una sociedad apática. Nadie se quería. Todos los vínculos eran implantados. La magia del silicio y esas mierdas. A los pobres los mandaron a vivir debajo de la Tierra. Pronto se convirtieron en topos, o algo así, y los demás, los que podían costear el modo apático de vida contemporáneo, quedaron arriba, en la superficie.
Así que en el futuro no hay películas, aún así esta gente tiene sus problemas. Todavía existen los psicólogos, y aunque los ricos pueden llegar a unos saludables casi trescientos años, la vida larga a veces puede resultar, bueno, eso, larga. Por suerte el suicidio voluntario se legalizó en el siglo XXII, aunque por otros motivos. Cosas políticas respecto al control de la población. Ocurrió, por si les interesa, después de la gran guerra, la de los cuarenta años.
Me fui de tema. No era el caso. Esta sociedad aburrida creyó que las películas eran, bueno, aburridas. Algunas empresas se dedicaron a los negocios de la mente, ya saben, modificar ideas, implantar recuerdos, borrar memorias, como en las películas, pero en la vida real. Pero todo se había hecho, y nada funcionó. Advertencias acerca de los caminos de la ciencia, esos peligros en los que cayeron sus antepasados. Se comieron una piedra tras otra. Recuerdo, olvido, memoria, lo que sea, la mente está ahí, y sirva o no, algo hay que hacer.
Estas empresas desempolvaron viejos manuales, tratados de medicina que versaban las propiedades del placebo, de sus efectos. Un poco de azúcar con agua recubierto de condicionamientos psicológicos para que parte del organismo se trague la mentira. Esa era la función de los cabezales multidimensionales neuronómicos, un aparato de aspecto exultante que no sirva para nada. Al paciente se le hace creer que olvida, que recuerda, que se le insertan recuerdos, lo que quiera que desee. Se llegó a la paz mundial. A veces existen algunos inconvenientes con los topos, pero no es nada que la sociedad del año 2406 no pueda manejar. Para esos están los robots, que lo controlan todo, y deciden por nosotros, qué es lo mejor para hacer, o escribir.

sábado, 7 de octubre de 2017

Día 1205: Eppur si muove

Mi fe desmantelada. No voy a trasmigrar las pautas. El orden es el orden. Y así vería desde el rincón, con tanta noche por vivir. Si mis horas fueran sueño. Así de tanto el camino se desvía. Y nos ideamos el rumbo con mapas rotos. Que el saber oscurece. Que el sol haga la elipse. No voy a quemar rodillas en la causa. Somos esclavos de la causa. En el viraje está la derrota, y nos sienta tan bien.
Desde el púlpito acusamos, con ojos culpables. Almas recónditas, veneno de un día. Luces de ciudad nos acompañan, en la velocidad. Con la combustión del carbono y la respiración del vapor. Una estatua con fecha de vencimiento. Monumento biodegradable. Es la poesía del olvido, del nada va a quedar.
Soplaremos fuerte y la casa caerá. Seremos tan viento como el viento que todo lo arrastra. Tan nada como la nada. Nada. Y algo más. Un espejo empañado. Un cuarto de juguetes destruidos y esa ventana tapiada. Somos la transición y vamos, sin saber ir, sin creer que venimos. En el movimiento desesperante del silencio, de la roca en el espacio, que tiembla, sacude, espanta. Tan quieto, y aún así, se mueve.

viernes, 6 de octubre de 2017

Día 1204: Rey de nada

La codicia es mi albergue y ahí espero. Aunque ya estoy tranquilo no sé. Que el no ir me coarta y las no cosas son tan reales. Este espanto de figurita. Esta carne que tiembla. Puedo pedir más, porque así me sale, porque así funciona. Y quedar en tablas. Soy el punto negro de muchos ocasos. Y el desdén con el que consumamos nuestra lujuria.
Con el espíritu patitieso la carne marcha. Y no digan que es el devenir de las cosas. No inventen la mentira, esto es puro. Es la droga, la más pura. Somos bendecidos en la catástrofe cuando en eso queremos creer. Y en la cortina las excusas. Que no hay nada, que es vacío, y aún así terco, la insistencia del que sigue fiel al desvarío.
Pueden comer hasta reventar. Que la sangre no encuentre vena que la contenga. El muelle sin fin es puente y abismo. No digan qué tan prohibido se siente. Está marcada la mancha. Ese horrible ruido que en latidos se pervierte. Qué tanto es. Que lo digan. Que lo tiren todo abajo. Que la mentira del largo cuento nos sienta mejor. Y que tanto camino queda por anhelar.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Día 1203: Cero a cien

Cuando la ansiedad me gana. Cuando todos los pensamientos juntos se convocan a la puerta. Cuando lo mejor de mí me abandona. Cuando lo que brilla deja de ser oro. Cuando el camino se angosta. Cuando las flores reverdecen. Cuando el atardecer se confunde con la noche. Cuando tenga una mejor excusa. Cuando mis ojos salgan despedidos al espacio. Cuando la situación mejore. Cuando crea esa mentira. Cuando deje atrás el interrogante. Cuando las semillas no son fértiles. Cuando sea una nueva sociedad. Cuando el andar deje de ser camino. Cuando la opacidad de nuestras sombras sean algo más que vacío. Cuando el amor se convierta en engaño. Cuando sea tan solo una de tantas caras. Cuando la elección sea múltiple y equivocada. Cuando ahogar la pena. Cuando ahogar el espanto. Cuando la ansiedad me gana. Me gana.

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