jueves, 14 de diciembre de 2017

Día 1233: Silicon glitter

Voy a retransmitir mi suicidio en facebook. Quiero ser furor en likes. Voy a ser más famoso que el In memoriam de los Oscars. Vean al muerto feliz, pasen, pasen, no se lo pierdan, ahora en 4D. Tengamos reserva, que al vecino no le importa mi glorioso cadáver, exquisito como las fantasias surrealistas que hicieron mierda todo. Que venga la ayuda alienígena. No me voy a resistir.
Este es mi momento. Soy capaz de alinear planetas con mis videos. Seré un éxito en ventas. Me amarán. Pero con reserva. Cautela. No pareceré engreído. Contestaré con la humildad del que ya no respira. Que hagan una conferencia de prensa en el cementerio. Los recibo a todos. Vengan a mí.
Pueden agarrar un pedazo de mi cuerpo. Beban, vampiros, que soy su Jesucristro superestar. Hagan fila. Que la gula y el canibalismo sea nuestra fiesta, que dure hasta el 27 de diciembre, con resaca de sangre. Seré discreto. Lo prometo. La fama no me va a cambiar. Cadáver humilde. No mas fotos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Día 1232: Interrumpido

Me tengo en la pregunta girada. Soy inconstante. Voy a creer en mi adolescencia hasta morir de lo más pensado. Si soy el pálido final de las caricias que tiemblan. Mi habilidad decae y así me siento cómodo. Puedo ser mi culpa secreta sin adentrarme en la opción del mundo. No corten alas, no tengo pies.
Adherir mi silencio a los vaivenes de las cosas. Tendré un muerto en el placard cuando sea mi turno. Ya no voy a esperar. Mi tiempo es ayer. Tendré nietos sin hijos y muertes sin vida.
Soy una media dada vuelta. Con el olor de la memoria estoy sin derecho a ser. Al final me voy a quedar sin palabras. Al final el final siempre es el mismo. Y no hay lugar para llantos, sonrisas o estupideces. El momento negado es.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Día 1231: Disturbio musical

Show sorpresa. Fans que aplauden. Sonidistas nerviosos. Primer vivo en ochenta años. Se retiró de joven este artista, murió, pobre. Pero con la magia de la ciencia lo revivieron. Felicidad para sus seguidores. Misterio en torno al círculo del artista. Se supone que va a cantar sus grandes éxitos. Algunos hasta aventuraron una posible presentación de nuevos temas. Todo es posible.
Las luces se apagan. La torre de sonido está a punto. Los instrumentos afinados.
Hora del show. Nadie sale. Los músicos se miran. Acá comienza. Acá comienza. No. Murmullos en la platea baja. Un par de gritos se escapan de la popular. Y el silencio. Impaciencia. Se muerde en el aire. Ahí va. Media hora después. Un ataúd en escena. El artista todavía no deja de estar del todo muerto. Tampoco está del todo vivo. Es un poco de cada cosa. Un zombie musical.
El muerto vivo toma el micrófono. Está nervioso. Se le nota en la carne. Tal vez debería haberme quedado muerto, piensa para sí. Acá estoy. Toma aire y va. Bueno, no va. Nada. No se acuerda de la música. Una estafa. Un timo. ¿Pagamos tanto por esto? Ese tipo no puede moverse. Tomemos el escenario. Los fanáticos, enfurecidos, tiran abajo las vallas de contención. La banda, un grupo de músicos sesionistas, se miran entre ellos. Están confundidos. Es lógico. Eran una banda sin cantante. El artista nunca ensayó su parte. No lo necesitaba, decían, ensayar es para amateurs. Pero sí necesitaba una puesta a punto el hijo de puta, escupe el bajista. Mejor muerto, mejor el silencio. Y el fuego crepita, a medida que miles de puntitos se abarrotan en las gradas, en las estructuras, que colapsan bajo un peso que no esperaban sostener. Y los murmullos se hicieron sentir. Ruidos que contagiaron cánticos. Voces al unísono entonaban la melodía perdida de su artista semimuerto. Para que aprenda, decían.
El artista se refugia en su camerino. Tiene un tubo de oxígeno al que abraza, como si fuese la mejor de las amantes. Recuerda un show parecido, ¿Nebraska, tal vez? Nunca viajé a Estados Unidos, la memoria me juega una mala pasada. Capaz que deba ceder. Tal vez tengo que confesar. No soy quien creía ser. Un vaso de una vieja bebida revive. Porque tantos años pasaron al pedo. Que a los muertos se los deja en paz es otra historia. Los golpes en la puerta eran algo más que amables. 
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martes, 5 de diciembre de 2017

Día 1230: No hay tiempo

Hola. Quizás me conozca del pasado. Vengo de otro lugar, distante, en las arenas del tiempo. Un embrollo explicar que usted es yo y viceversa. Relájese. Lo trato de usted porque ya no lo conozco. Dicen que los seres humanos evolucionan a cada segundo. Bueno, parecido, quiero creerme eso. Vengo a anunciarle algo, para que vuelva cinco minutos al pasado y anuncie lo que debe anunciar al que anuncie a nuestro yo de diez, quince, veinte minutos, así hasta nuestro millonésimo nacimiento. Es importante no cortar la cadena. Ya lo sabe, reenvie este mensaje a su yo de cinco minutos atrás y evitará una catástrofe a nivel mundial.
¿Qué dice este papel? Lo desconozco, las ordenes eran, bueno, serán, no abrirlo hasta llegar al primer eslabón. Un razonamiento tarado, si se me permite la acotación, yo mismo de hace cinco minutos atrás, porque este primer eslabón, que es usted y yo y la persona de la persona de la persona que recibirán este mensaje, o sea millonésima de nosotros, va a ser o fue un bebé. Dudo que los bebés del futuro pasado sepan leer. Ni siquiera entiendo cuál sería el modo de quebrar esta paradoja, verá, usted sabe, como mi yo cinco años más joven, que los conocimientos y la verborragia son una mala combinación cuando se le agrega una pizca de negligencia. Eso hará su yo futuro o sea nuestro yo. ¿Cinco minutos? Imposible. Ya empezará usted a viajar y hablar, que vendrá otro en los sucesivo. Hola. Hola. Quizás me conozca del pasado. Quizás me conozca del pasado.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Día 1229: Con el culo

Brillan los muertos por su causa y no es el desperfecto. Quizás nos excedimos, dicen. Unos golpes de más, dicen. Los llevamos a un sitio oscuro y le dimos todo lo que necesitaban. Pero era muerte, y nadie la quería.
Retrocedamos a un abismo. Porque un punto final es demasiado. Corto y largo. Al mismo tiempo nuestras sensaciones se confunden y parecen algo. Tengo un pobre talento y lo defiendo. A mi dame el silencio, que me siento mejor siendo eso.
Con correr el riesgo es suficiente. El castigo es la mejor retribución. Se alistan para disparar, que el fuego sea la madre de todo lo que nacemos con la boca, con el culo y con nuestra palabra, tan sagrada como la nada misma. A veces hay algo más. 

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Día 1228: Sin ostentar

Caridad que no existe. Para el empresario de corbata apretada. O el señor que se regodea en la mierda ajena. Ser o no ser la cadena, quizás ni eso importe. Si el privilegio es otra mentira. Fue algo acerca de un interrogante que ahora pienso. Hoy soy distinto porque me gusta serlo. Y se empieza a cagar con la cabeza, porque venimos invertidos de nacimiento.
Arrojen sus estadísticas en la mesa. Tengo todas las chances de ser el mayor hijo de puta de todos los tiempos. Arriesguen. Yo no gano. Soy eso que la desesperación ya no roe. Que nos contaron el cuento de las piedras lamidas por el agua y el sueño blanco cocaína de California. Porque nos abusamos y nadie dijo nada. Y esa lección de poder se aprende. Se te mete en la carne. Y el punto desgarrado en la cadena se olvida, se olvida lejos, que es persona aunque no sea. En el instante del toca, toca, que la voluntad es poca.
De haber nacido dado vuelta me habrían llamado invertido. Soy más que esa suerte. Los dueños del circo ya no pagan el alquiler. Venimos de regalo y tal vez soy la casualidad que lo une con moco. No tengo la moral suficiente. Alguna vez puedo dejar de ser hombre. Ya me sale.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Día 1227: Cambio de mando

Estuve como corresponsal de guerra en Nigeria durante el 68. Me tuvieron dos meses en un campo rodeado de nenes muertos de hambre, con moscas por todas partes y ruidos de buitre a lo lejos. Supongo que los intereses franceses alargaron mi estadía. A algunos revolucionarios todavía le importaba ese rincón olvidado de áfrica. Con importancia me refiero a lo que el común de la gente llama oro líquido, petróleo. Estimo que eso deben beber en el infierno.
A veces ni las credenciales nos salvaban de los controles sorpresas del ejército y las fuerzas civiles que controlaban la zona en donde trabajábamos. El idioma era un impedimento. A menudo los trueques eran insuficientes. Coimas para espíritus perdidos. Mostrábamos nuestras credenciales, nuestras cámaras, nuestras vidas, con la intención de evitar un desenlace peor. Casi siempre terminaba del mismo modo, con algún que otro médico de la Cruz roja salvando nuestro culo.
Me preocupaba otra cosa, más que los sobresaltos a la noche y los mosquitos. El miedo me pasaba por los nenes y el hambre. Soñaba con liberarlos, hacer la gran Schindler.
Pensé en mandarlos a Francia, pero el miedo a que los mataran en el camino era mucho. Incluso en mis horas libres ideé la posibilidad de cavar un túnel, pero ¿hacia dónde? Nigeria en 1968 se parecía demasiado a una tumba.
Volví a Francia en el 69, cuando se calmaron las cosas. El mundo había cambiado, y estaba por cambiar, y yo ni enterado. Fui parte de eso. Responsable. No, culpable. No traje a ningún chico conmigo. Fueron solo fantasías. La mayoría, a los que no mató el hambre, crecieron para contribuir a las ruinas de su país con un fusil en la mano. Podría haber dejado un libro, pero como llenar tanto vacío. El flash de las cámaras me cegó y aún no abro los ojos.

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