viernes, 18 de agosto de 2017

Día 1176: Disculpa

Soy frágil y pido perdón. Porque la carne me tiembla, porque la debilidad me inunda en los costados y no puedo salir a flote. Porque nada. Mi capricho a veces se hace fuerte. Somos en modos parecido, aprendí por el lado duro. En la pena que abriga mi temor a ser algo más que una tuerca perdida en el engranaje. 
Volvería a ser joven esta noche. Pero en la mentira me quedo dentro. Veré luz antes que oscurezca. Mi vida será un desierto donde puedo beber. No vuelvan sus corazones a mi insistencia. Pronto sé que la mentira muere y con eso me voy. Adonde sea.
Soy humano, o es lo que creo. Nací reo y así quedé. Porque no puedo demostrar el truco. Porque siempre va a haber algo más. Y este escape a veces será suficiente. A veces será.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Día 1175: Liebre

Abran la compuerta. Allá los sentimientos. Acá la nada. Voy a restaurar la paz. Firmé el acuerdo, y ellos que sientan el problema. No supimos ser más. Es la sensación cobarde que nace de la garganta. Si la muerte fuese muchas caras.
Y ese paso gigante, en el que todos fracasamos, no es engaño, no es desilusión. Es más de lo esperado. El pendulo que ciñe por sobre nuestras sombras. Es agudo dolor, falso camino.
Volvería amaestrado si de llevar narices este cuento se tratara. Una aventura de las de verdad, con sueños para regalar. Al inocente erguido encima de la montaña de huesos. La idea es una cadena. Todos corren detrás del premio. Unos pocos delante.

martes, 15 de agosto de 2017

Día 1174: GPS

Andarían a pie los rumores de mi inteligencia. Alguien me hizo idiota de algoritmo por defecto. Nadie vendría a pensar que en esta cabeza anidan algo similar a una idea. Culpen al padre, al señor y al espíritu santo. Culpen a lo que comemos. Culpen al mono y la viruela. Culpen a los indolentes que se agolpan a las puertas de las casa pidiendo una explicación sencilla del mundo. Culpen a las puertas que se niegan a ser abiertas. Culpen a la cerradura. Culpen a la llave.
Asimismo valdría una mierda la opinión del que no la tiene. En ese intríngulis varía la cosa de negro a eterno. Volvería a su cueva si lo dejaran. En el corazón de la soledad anida el cartílago de nuestros pasos. Donde la rótula deja de responder. Y el trabajo se hace tan tedioso como necesario. No vendrán tiempos mejores.
Detengan el carruaje. El motor fuera de borda que ahoga nuestros propósitos en vinagre y petróleo. Creo en la desviación de nuestra especie. Ahí estaré.

lunes, 14 de agosto de 2017

Día 1173: Indefiniciones

Adivinanza para los primigenios. Conquista del universo al mejor postor. Para esa divisa perdida que los antropólogos del Wall Street descifran. No adscriban a la causa. La advertencia a la puerta de la Tierra. No entrar. Peligro de electrocución.
Rastrearé pedazos de cerebro, como un antropólogo del futuro que ya sabe lo que viene. El disparo, el craneo que se quiebra y la masa gris en el piso. Escena del crimen. Precaución.
Esos, los expertos. Con el corazón abierto, sangre abrasiva bombea núcleo. El brillo nos pertenece y se difumina. Que tanto vamos a seguir. Adelante. Atrás. Convocados en el espíritu de los tiempos. Van a decir lo que sea. Y es lo que es.

sábado, 12 de agosto de 2017

Día 1172: Debate

La ansiedad no va a a ganarme. O sí. Todos llevan la delantera menos yo. El hambre, el desamor, los sueños, todos en ventaja. Con pastillas o sin ellas, atrás. El tren de cola. Volvería a mi casa si hubiera luz o algo para merendar. Porque allá pasaron cosas y son fantasmas los que ahora quieren mis huesos. Por algún minuto podría sentirme vencedor.
Una costra empaña la ventaja. El pasado está ahí, grabado, sucio, sin alterar. El eco de mi palabra. Y todas las cosas que me atropellan. Mi muerte será el silencio. Por que lo demás viene después. Y ahora quiero. Porque nada brilla ni oscurece.
Y con todo el octanaje a cuestas el auto a mitad de camino. Debería exceder la velocidad, contradecir la norma. Puedo acariciar el ruido, pero no me propongo ser algo, la nada me convoca.

viernes, 11 de agosto de 2017

Día 1171: Moneda de cambio

La muerte es ilusa y cree en la sobrevida. El admirable suceso, final, inequívoco. Para drenar lo mejor, lo peor, lo igual, en un algoritmo que resiste al espectro de los tiempos. Asuman lo que quieran, ya no estaremos para presenciar las consecuencias. La heladera abierta, el corazón vacío, aire en los pulmones y un arma cargada.
Amaré con retraso por la capacidad de la falta. Por el silencio de nuestra promesa. Este tren ya anda sin vías, es una coraza que se resiente. Y la pregunta que choca, ¿será lo suficiente humano para albergar la culpa?
Nacimos sin puertas, con las ventanas cerradas. Un proyector apagado emite la luz. Hacia la pared. Blanco confín del encierro. Cometí el crimen imperdonable: la palabra organiza mis actos y dejé que escape de mi boca.

jueves, 10 de agosto de 2017

Día 1170: El ocaso de la República

La tontería paga. Tiempos de valores en alza. A este tonto lo conocemos. Fue a comprar un alfajor a una carnicería y lo miraron raro. Sacó un revolver y los mató a todos. Menudo tonto. Esa misma persona que más tarde encontraron en su casa con las líneas de Nazca dibujadas en sus venas. Desde entonces la policía lo busca. Para el aparato legal del estado es un prófugo, para algunas personas se convirtió en una suerte de héroe retorcido. Acorde a los patrones de nuestra sociópata sociedad.
Desconocemos su nombre, pueden llamarlo Carlos Z. El señor Z, como su apodo, se creía lo último de lo último. Famoso en su contenido como el benemérito orejón del tarro. Inspiró a niños con su historia. El pueblo quiere un alfajor y el gobierno se lo niega, aclamaban los diarios. Libertad a Carlos Z. El hombre, que nunca estuvo en la cárcel, parecía muy contento con este apoyo de las masas. Decidió montarse un partido político. Ganó las elecciones. Nadie sabe cómo. Cosas que pasan.
Así, desde el gobierno, Carlos Z. promulgó el exterminio de las razas y los pocos que quedaron lo vieron a eso muy bien. También incendió edificios. A nadie le preocupó. Dicen que una vez se metió dentro de la casa de un hombre y violó a su mujer. A Carlos Z. lo querían mucho.

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