viernes, 21 de julio de 2017

Día 1152: Pus

Un filo me corta desde adentro. Es la necesidad que urge repetirse en acto. Soy otra vez contra la tempestad o la calma o el entre medio. Soy ante lo que venga y muero en eso. No haré la objeción conciente. Ya sé lo que viene. La tormenta de mierda que enchastra las ventanas. Vamos a quedar encerrados por semanas, con el regalo de nuestras caras. Caras que miran caras. Y nada por hacer. El aburrimiento, el mero spleen. El mal actual de cortar la luz. Nada por hacer. Somos efímeros.
Vale una noche, un momento. Y el corte en lo oscuro que para eso somos, muerta la luz, muerto el aire, y las sensaciones mediante. Desde la otra mirada vuelve. Es un camino sencillo. Una formalidad. Nacer para carnear al gusano. Que el pasto haga su trabajo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Día 1151: El padrino

Rescindí el contrato. La vida me hizo una oferta que no pude rechazar. Fue salir al baldío. Fue empaparme hasta las rodillas. Fue hacer caso omiso al hambre, a la sed. Fue lo que tantos hombres desean y tan pocos tienen. Fue la investidura de un vagabundo que me increpa en la calle con su aliento seco de vino tinto barato. Fue la voz de mi madre que decía, entre tantas otras cosas, que me cuide del frío y la merca. Fue el silencio que cauteriza la herida antes de la muerte definitiva, que la oleada de mierda no me toque la cabeza. Fue perderme en la torcedura de las reglas para salir a flote hecho cadáver. Fue la contribución de los espíritus a la causa. Fue beber del pozo seco aunque solo de bebida trague barro. Fue consolarme en el peor momento, de la mentira del todo está bien al se hace lo que se puede. Fue conquistar el abismo de la patraña filosofal, escarnio de mentes, trituradora de carne. Fue como la alineación de algún equipo ganador se filtraba en nuestros recuerdos. Fue la vida con su culpa y la tendencia, estupida, de explicarlo todo, aunque no sea nada.

martes, 18 de julio de 2017

Día 1150: Sutilezas

Soñar con la diferencia. Un minuto de más. Con el grillete apretado se suma al contoneo de la madre libertad. El por favor es mi obsecuencia, la necesidad de quebrarme en tantos pedazos como pueda. Me abrí a la posibilidad del colapso de los mundos. Teoría difundida. Explicada.
Nuestro descenso. El inminente. Para refugiarnos en las catacumbas están las preguntas. El necio, el arrogante, el que no encuentra sentido. Todos ahí, unidos, en la parafernalia del sacrificio.
Con lo menos hacemos algo. Es la alegoría del pobre. Donde todo aprieta y nada alcanza. La madre irá a la escena del crimen para señalar a su hijo. Volver a casa. No hay opción. A veces mañana es diferente.

lunes, 17 de julio de 2017

Día 1149: Seis de mayo

Aburrí. Corté con mi pareja un cinco de mayo, a falta de una mejor fecha, y desde entonces intento recuperarla. Le envío flores, mensajes. Una vez le regalé un elefante. Sé que le gustan los animales grandes. Capaz exageré, lo sé. Intenté olvidarla, después me viene a la cabeza esa cosa de los mexicanos y la tequila y se me van los pensamientos otra vez. Me ahogo en ella, es mi fuente, mi tortura chica. Es ella. Así la quiero. Es un desmadre mi vida.
Tu cara se me aparecía en la televisión, en los crucigramas. También en el baño, durante esas tareas asquerosas a la que nos consagramos los seres humanos. Una vez probé con el suicidio y me di cuenta que no era lo mismo. No sirvo para matarme. Tampoco sirvo para vivir. Esta cosa entre medio que sos lo que fuimos es algo que me mata en vida sin matarme. Y me confunde, mierda que me confunde. También me hace enojar, pero eso no pasa siempre. Soy un tipo tranquilo a pesar de las apariencias.
Leí filosofía y algo de autoayuda. No encontré nada. Me sentí como ese nabo de la canción de The who que busca, busca y nada encuentra. Un fracaso absoluto. Ahí, derecho a la nada misma. Intermitente, como todos mis proyectos. Tengo un trabajo a medias. Una familia a medias. Un corazón a medias. Y una relación partida que a veces dudo pueda recomponerse.
Ese cinco de mayo mi orgullo mexicano se enciende en una botella de mezcal a medio vaciar. Me pregunto dónde dejé el gusano. El gusano de la vida. Que quita y trae. No sé. Me lo tragué. Me sale bien emular canciones estúpidas. Como esa de the who. Canciones que transpiran filosofía a través de esos cuerpos cargados de música vacía. Música de nada. Pero no olvido que la quiero, aún en la imposibilidad de mantener el alimento en mi estómago. Puedo vomitar toda la noche en su honor, es mi homenaje. Esto puede ser lo mejor de mí. Y otra canción va.

domingo, 16 de julio de 2017

Día 1148: La colina

Subieron la colina tal como se los indicó el guardia. El peligro abajo es lo negro, así decía el folleto. Estúpidas convenciones escritas por gente de poca experiencia. No están ahí, en el codo a codo con los portales interdimensionales. No es como en las películas, saben, agregó el guardia antes de abrir el portón que resguarda el vórtice. Mierda que no.
Según el criterio con el que se avance lo negro toma forma. A veces los colores invisibles pueden combatir el contorno. Pero arriba estamos lejos del quilombo. Abajo. Donde procrean esas cosas, en la libertinaje de la energía no contenida. Abajo es la tentación. El mundo de los vivos.
Y ellos, los muertos, sentían el llamado. El guardia advirtió del poder seductor de la vida. Era el límite. El que resguarda la seguridad del pasaje. Adonde las almas concurren. Lo negro. Alguna vez deseó saltar. Como todos.

viernes, 14 de julio de 2017

Día 1147: Cierralatas

Abriré la herida para que supure lo que lo venga. Nací en el odio, no quiero más. Crecí en mi miedo. Debo incrementar lo que sea. El límite del pánico. Y sin el beneficio del mundo que culmina en su borde. Inquisidor. Abrelatas. Salir afuera con indistinto tiempo. Los dioses han muerto.
Que se hagan cargo de la avería. No resignará la gloria del tiempo pasado.  Más hondo que nunca. Que me hablen del inconcluso. Jamás toqué esa frontera. Los ojos no se hacen para ver.
Después el suicidio de los de nuestra clase originan la vida. El convite de las razas. La muerte original. No volvimos a la herida. Cerramos. Y es.

jueves, 13 de julio de 2017

Día 1146: La máquina de complacer

Valdría un millón de dólares. Sería el invento del siglo. Pero voló el muchos pedazos. A través de la ventana salieron los restos de un experimento fallido. La máquina de complacer. Un brazo que se extiende y dice, todo va a estar bien. Todo va a estar bien. Y no. Nunca lo está. Nunca. Viene el cuco y te mete dentro del placard. El cuco abusador.
Tocar puede ser lo correcto, en el lugar adecuado. Lo único del alma que no se deja ir. Lo que queda. Permanece. Y el vivo acosador recuerdo de nuestras semejanzas. Fuimos uno con el mundo para lo mucho que queda. La lucha de uno contra todos. Así nacimos. Desviados en la cuna. Un polvo de la alegría se escurre a través de mi nariz.
La máquina de complacer no señala. Está de acuerdo en lo que sea. No hay discusiones. No más argumentos deformes. La vida en su conjunto es lo que somos. Y a través del caño nos escurrimos. Con fuerza la sopapa. Escurre y tira. Y la máquina no deja de funcionar.

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