sábado, 18 de noviembre de 2017

Día 1225: 1519

Con qué supino descontento me inicié en el sacrificio. Arranqué el corazón perdido en mis pensamientos. Eso quería el sacerdote. Eso quería papá. Sé parte del pueblo. Sé parte de la vida. Es la voluntad de los dioses. Mamá está con las flores. Adoba el silencio. Estoy encadenado a la tradición. A veces me repito, al borde del lago, voy a ser algo más, voy a ser algo más.
Y el lago se mantiene sin devolverme las palabras. Es mi angustia la que habla. No poder escapar de las paredes de la ciudadela, de los murmullos de los vendedores, de la inminencia de mi muerte. ¿Dónde estará lo nuevo? Sé que no debemos subir a la pirámide sagrada, ni siquiera el Tlatoani. Está reservada para las ofrenda a Huitzilopochtli. Huitzilopochtli quiere sangre. Siempre. Corazones jóvenes, menudos, listos para ser arrancados de su caja torácica. Ahí me encuentro, rebelde, en el medio de la noche cargada de estrellas, solo, con mis preguntas. ¿Dónde está lo nuevo?
Observo a los cuatro costados. Veo el lago que se extiende. El mercado sin sus murmullos. Como el día puede ser la contrapartida de la noche, no logro entender como fuerzas tan opuestas pueden sostener el equilibrio. En algún lugar debe existir un eje, un centro. Un punto donde convergen nuestras almas. Un recinto único, ajeno a lo que pretenden creer nuestras padres, son sabidurías de antiguos, personas que no sabían como construir una casa. Nómadas. Acá no había nada, solo lago, eso decían los ancianos. Les creo. Ocurrió hace muchas noches. Las estrellas estaban en otra posición.
Y ahora también. Diferentes lugares. A veces me gustaría conocer el centro. Solo soy un joven perdido. A veces creo que puedo volverme loco. Por las noches me llega la respuesta del viento. Voces extrañas, otros murmullos. Y fuegos que se encienden a lo lejos. Un advenimiento. Respuestas, tal vez. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Día 1224: La mente cae

Nos construimos, nos deconstruimos, que tal vez podamos evitar toda esa dialéctica del entre medio. En algún lugar pusimos la trampa. Enchufe y patada a tierra. No vería tanto de no estar ciego. Me manejo entre sombras y apariencias. De lo que somos y alguna vez fuimos. De la muerte ultraterrenal para esparcir restos en el viento y cosas que sobran. 
Que el contagio sea relativo no habla de la enfermedad. Se consumó el delito y nadie lo vio. Sean perfectos, sin excusas. Que el susto no sea tanto. Ya no somos así. Crecimos. Nos movimos. Y la mentira se hizo gorda. Para que no disfracen de coraje este temor. Que ya es viejo, que se cansó de esperar.
Vivimos en un tiempo equivocado para los que dicen cosas diferentes. Ya nadie usa sus juguetes. No es el placer, no es el sacrificio. Quizás no sea nada. Es el momento perfecto para olvidar. Y la evasión será nuestro sello. Será lo que tenga que ser.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Día 1223: Delator

Tomé el papel entre mis manos, con algo de miedo. Nadie te ofrece un buen trabajo a cambio de nada. Esos tiempos de favores gratis quedaron en la edad de piedra, cuando los hombres se valían de piedras para convertir la piedra en la piedra, no sé si me explico. Desde pequeño te enseñan, desconfiá, ante la duda, desconfiá, capaz te cagan. Y si es un favor, peor. La madre de todas las cagadas. Te violan de parado, y encima te cortan el pito y se lo comen, los muy sadocaníbales.
Me dirigí con esa incredulidad de falso porteño hacia Talcahuano al fondo, a no sé qué mierda de barrio de esa ciudad del demonio. Extrañé por un rato a mis vacas en General Belgrano. Allá nadie se preocupa por que te caguen, si lo hacen, son al menos más diplomáticos. Te cogen con estilo, diría un compañero de alquiler. Pero lo importante es, no importa cuál sea el estilo de cogida, siempre te cogen por adentro. De afuera hacia adentro, y todo entra, nada sale. Por lo general suele ser en una vía poco concurrida, angosta, y duele. Mierda si no duele. Así que la máxima es desconfiá, te lo dijo tu mamá antes de cortarte el cordón umbilical que te ataba al campo y la nostalgia de pueblo de comprar cosas en un almacen a dos cuadras, de poder dejar la bici sin candado y tener la suerte de encontrarla en el lugar donde la dejaste. Cosa e' mandinga.
Acá en la ciudad se manejan a otro ritmo. Si no te acelerás te aceleran. Alguien maneja las tripas del velocímetro, no me digan quién, no lo sé. Los cortos de pensamiento no servimos para el cemento. Vas a ir a mil, vas a ir a todo lo que de, porque esa es la única velocidad que el cerebro humano en ciudad puede permitirse. Nada de contemplar a las palomas en Puerto Madero. Olvidate de la alegría de la contemplación. Los días se hicieron para sufrir, ¿o acaso Dios no tuvo que esperar seis días para descansar de todas las mierdas que hizo con este planeta?
Mis piecitos me condujeron a Talcahuano al fondo, en el decimoctavo piso de la concha de la lora, departamento Z al cuadrado. Acá me cojen. Lo sabía. Nadie te va a regalar treinta mil pesos al mes si no hay contacto carnal previo. Firmás el contrato con la cola, sabelo. Y no, me equivoqué. Me ofrecieron el trato del siglo. Usted no tiene que hacer nada. Se queda ahí paradito. En la esquina de este edificio. Mire lo que se le antoje. Solo mire la gente pasar. Los transeúntes, así le dicen. Vea a los transeúntes. Recolecte información. Si ve algo raro, chifla. La gente siempre esconde muertos en el placard. Libros raros. Conductas inusuales. Pueden ser traidores a la patria, ¿sabe?
Me paré en la esquina, con mi no hacer nada, con treinta mil pesos en el bolsillo, y con mi nuevo poder de observancia, observé. Los vi a todos, con sus rarezas, con sus dogos y sus caniches, con sus bolsas de supermercado, con sus libros raros, con sus manos vacías. Esconden algo, o tal vez están demasiado al descubierto, ¿quién soy yo para juzgar? Nadie, bueno, nadie hasta que dejé de serlo, ahora soy ese encargado de juzgar, de observar. Van a ser conductas inusuales, muertos en el placard, traidores a la patria. Y ahí supe, con el papel en la mano, y con mi nueva capacidad de observancia, que me había equivocado de vuelta. Me cogieron sin avisar.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Día 1222: Mira telescópica

A veces parezco muerto. Porque lo estoy. Bien hecho cadáver. Soy la suma de todas laa putrefacciones. Y ni siquiera sé como escribo. No soy de los que piensen en la vida después del final. El grand finale. No, no creo. No existe para mí. Y aún así aca estoy, contradiciendo a mis principios. Debería ser un muerto más afín a lo que pretendo. Alguien que viva un espacio negro, intermitente, en consonancia con las energías del universo. Solo materia desparramada al azar. Mis átomos disgregados.
Esta consciencia se niega a despegarse del flujo de información que contenía el recipiente. Adiós, urna, gracias por el viaje. No confundan, no extraño la vida. En el otro lado descubrí que el aburrimiento puede ser utilizado para buenas causas. Conocí a los fantasmas, energías primordiales le dicen. Dolor en el culo, los llamo yo. Molestos, insoportables con su discurso etéreo del todo en uno. Repiten cosas de la vida y lo aplican en este plano, cuando ya no existen misterios. Y los asuntos mas difíciles se develan. Conozco mi propósito, conozco el sentido de ser en el humano. Me llega esa información. La entiendo. Es bastante fácil.
Quizás deba permanecer callado. No sé si existan mafias en este plano que pongan precio a mi silencio. No sé a qué tanto podría tener miedo. Estoy muerto, sé todo. Capaz reviva. Mejor me callo.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Día 1221: Ataúd a la medida

Dosificamos. Lo malo viene de a mucho. Y en todos los rincones de la Tierra gritamos: está es la solución. Nadie cree. Esa es la verdad. O capaz no. Las medidas del empaque. Un hombre ideal, imaginario, con valores. Marioneta para nuestros sentidos.
Ellos adoran el envase. Somos el adorno. Para mejor contenido que gane fuerza el desahogo. Que tanto esperé, que tanto doy. Y ahora ésto. Que así puedo vivir, con el enchastre. Que en minutos viene la transmisión a nivel nacional. 
Van a ser felices con tan poco. Puedo desistir de esta pelea cuando quiera, aunque cueste. De otra manera es posible. De tantas. Esa es la verdad. O capaz no. 

martes, 7 de noviembre de 2017

Día 1220: El insomnio verde

Van a venir por tu culo. Son los hombres de negro. Con sus pistolas tamaño pito van a querer expropiar tu orto. Confiamos, y sobre todo la duda. Esa pregunta de mierda acerca del sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Consigan un poco de fuego que acá va la historia.
Marte fue colonizado en el siglo XXIII, apodado el maldito por esa colonia de historiadores rebanacabezas. Allá tenían un mito, bueno, varios. La mayoría eran mentiras recicladas de la Tierra. Salvo, bueno, salvo el insomnio verde. Ruidos que no se sienten, una terrible paranoia, y el paisaje verde. Una espera consumada antes del fin. Podría tratarse de una droga. Quién sabe.
El insomnio verde caía cada dos días marcianos. No dejaba dormir, por supuesto, y a cambio se llevaba un trofeo. Un habitante de la colonia fundacional. La carne alimentaba al insomnio, y los pensamientos se convertían en una baba verde alucinatoria. Sin querer habían dado con el misterio de la vida después de la muerte. Siglo XXIII, post última guerra.
La colonia fundacional menguaba, y decidieron reemplazar a los elementos faltantes con historiadores rebanacabezas. Ellos llegaron mucho antes a Marte, dado que sabían mejor si nadie que la vida en la Tierra había alcalzado su cenit. Descubrieron la curva y el declive. De hecho fueron los historiadores rebanacabezas los encargados de alquilar la parcela sobre la cuál se construyó la colonia fundacional.
Es territorio sagrado, cuchicheaban. Nadie se va a dar cuenta, dijo otro. Y así el insomnio verde se los llevó a todos.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Día 1219: No es para tanto

¿Me dejarías morir en el charco de la inconsciencia? Solo dame ese placer. Quiero el rincón preferido de toda madre preocupada por la salud de su hijo. Un espacio personal donde morir como a uno se le cante las pelotas. Que ese último estertor sea mio y de nadie más. No voy a compartir el cadáver. Aspiraré cada gota de sangre hasta quedar seco.
¿Podría costearme el precio de un ataud y un buen sepelio? ¿Acaso soy demasiado pobre para estar muerto? ¿A alguien le importa? Hay demasiadas paredes para tan poca casa. En el cielo los extraterrestres juegan y a nadie le importa. Una galaxia se fue a la mierda y a nadie le importa. El universo está contabulado para expandir su red de caos y a nadie le importa. A mí no me importa. Y esta bien.
Me gusta la madera con brillo. Acá dentro voy a depositar lo que quede de mi cuando ya el peso de mis dedos no puedan combatir la gravedad terrestre. Al final el único vencedor es Newton. Newton y su puta gravedad. La manzana nunca flota. Flotar es para imbéciles. Nos gusta la realidad aunque no nos guste. Es linda, fea, amigable y odiosa. No vamos a vivir mucho. No es para tanto.

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