viernes, 30 de mayo de 2014

Día 12: Canción para tomar el té

      Desde 1969 amagaron con salir, pero solo quedó en meros intentos. No fue hasta el año 2492 cuando por fin pudo despegar una nave tripulada por seres humanos hacia los confines del espacio.
      Luego de cuantiosos avances a nivel tecnológico y una gran inversión por parte de las naciones, Marte era una realidad al alcance de las manos. El sueño de Ray Bradbury se haría realidad. Obvio que los tripulantes no esperaban repetir el éxito poco rutilante de las primeras expediciones bradburianas. 
      El momento histórico se acercaba, el capitán de la nave estaba por computar las últimas instrucciones previas al descenso a la superficie marciana cuando un fuerte tuc estremeció la nave. 
      Dado que Johnson y Rodríguez eran las dos personas más experimentadas dentro de la tripulación, fueron los encargados de la reparación del módulo que generaba el desperfecto técnico.
      Gran sorpresa tuvieron ambos astronautas ante su encuentro con la fuente del desperfecto. Una preciosa tetera de porcelana yacía incrustada contra el módulo de amartizaje. 
      Es curioso, pero el agua de la tetera permanecía hervida. De acuerdo a los científicos que formaban parte de la misión Ares, la órbita elíptica de la tetera era realizada a una velocidad tal que impedía ser detectada por la tecnología humana.
      Tan absortos estaban en la contemplación del elemento extraterrestre que no se percataron de unos nuevos tucs. Los lectores más avezados ya se imaginarán. Una a una comenzaban a colisionar contra la nave el resto del juego de té: tazas, platos, una curioso pastel hecho de un elemento desconocido (parecía pasto), e incluso una mesa de té. 
      Las repercusiones no se hicieron esperar. El juego de té se hallaba intacto, a pesar de haber orbitado por décadas. Nuevos interrogantes se presentaron, hasta que un nuevo tuc, mucho más sonoro, dio contra la escotilla de salida. Más bien era un tuc, tuc. Alguien llamaba a la puerta.
      Así fue como se generó el primer contacto con una forma de vida inteligente extraterrestre. El sujeto, una minúscula figura verde, les indagó en un correcto inglés británico cuáles eran los motivos para interrumpir la hora del té. Johnson se rascó la cabeza, no tenía respuesta inteligible alguna.
      El extraterrestre estaba muy ofendido, señalaba a toda la tripulación y emitía improperios en su propio lenguaje.
      Luego de unos minutos de álgida discusión, el ET explicó con calma su procedencia. Él y su familia habitaban un planeta llamado Trafalmadore. Por una desgracia cósmica, su planeta había volado en pedazos, y se había visto obligado a danzar perpetuamente en la órbita ubicada entre Marte y la Tierra.
      Los pocos sobrevivientes de esta catástrofe, incluido el que contaba la historia, el cuál se dijo llamar Peter Smith, ahora se encuentran dispersos por el espacio, como restos interespaciales, orbitando, orbitando.
      Peter les contaba con cierta tristeza que a su familia los cruza cada dos días, que es lo que tarda su órbita en coincidir con la órbita de ellos. Afortunadamente, una vez al día tiene la ocasión de volar cerca de la órbita de la mesa de té. Claro, estos malditos terrícolas habían interrumpido su hora del té.
      De acuerdo a lo que el pequeño Peter explicaba, ahora deberían someterse a un juicio trafalmadoriano, el cuál se realizaría dentro de dos meses, que era el tiempo necesario para que la órbita del juez de Trafalmadore visite a la nave terrícola. Mientras tanto, no les quedaba otra alternativa que esperar. 
       Es lamentable, pero la misión Ares no estuvo preparada para tanta espera. La petición del simpático Peter no era del todo amigable, fue una orden que debía ser cumplida. Los siete terrícolas a bordo fueron inexplicablemente encerrados. Dos meses después, el juez de Trafalmadore, Gregor Morrison, encontró siete cadáveres, a los cuales declaró culpables de infringir el código número 123 de convivencia trafalmadoriana, que explicaba que todo individuo que osase interrumpir la hora del té, sería condenado a muerte. 
      Es así como siete cuerpos muertos fueron sentenciados a morir, por primera vez en la larga historia de la vía láctea. Ese fue el destino de la primera expedición a Marte. 


No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...