martes, 3 de junio de 2014

Día 16: El vuelo


Renovadora
Después de la violenta tormenta
 Sube la luna radiante


Takijirō Ōnishi



      El cielo es bello. Encaramado en el horizonte, el sol se despide hasta una nueva mañana. Volar cerca del mar. Sentirse invisible. La espuma salpica mi frente. Me siento vivo. El aire es mi amigo.
      Existe una fuerza superior que modela mis creencias. El viento contra mi rostro me mancha de recuerdos. Memorias de otros tiempos, vivencias recientes, todo se entremezcla entre las nubes y la aeronave. 
      La noche arrecia. Pregona el fin del día. Sube la luna radiante. Siento mi cuerpo. Vuelo al ritmo del aire en un tiempo detenido. Mi familia ha quedado a miles de kilómetros detrás. Mi querida esposa. Mis amados hijos. Los quiero tanto. Mi alma estaría incompleta sin ellos.
      Mis padres me aguardan. Ya lejos de este plano físico. No es la desolación de lo inminente, si no la alegría del renacer. La esperanza surge. Porque el mañana anuncia un nuevo sol, que es el mismo, pero diferente. Recuerdo las palabras de mis compañeros. Y mi comandante.
      Él es un águila. Vuela más alto que nosotros. Es inalcanzable. Es mi padre, mi hermano, y mucho más. Me otorgó su sabiduría, sin pedir nada a cambio. Me enseñó el verdadero significado de la palabra honor. El resto se escribe en el agua, en las arenas de un tiempo que erosiona los asuntos sin importancia.
      Desciendo un poco más. La maniobra es temeraria. Quiero sentir cada minuto. Me aferro a la vida que tengo. La vida que amo. Mi corazón late. Cada latido es importante. Y vuelo. Vuelo bajo, pero alto. Quiero despertar, pero este sueño es tan hermoso. La naturaleza está impregnada de belleza. Me sobrecoge mi humanidad. Soy un intruso en la noche.
      Siento que de un momento a otro voy a ser expulsado de esta fantasía. No pertenezco a este momento. Mi cuerpo, mi avión, no forma parte de este paraje paradisíaco. ¿Habré muerto? ¿Será esta mi recompensa? Lo quiero, lo anhelo más que nada en el mundo.
      Estoy más cerca de mi destino. Ya puedo visibilizar el objetivo. Sentirse invisible. Evadir la vigilancia. Alguien siempre observa. Alguien siempre nos quiere someter a la tiranía del radar. Tengo que volar, lejos, lejos del mundo que creamos. 
      Este mundo que me hace creer que la destrucción puede ser más bella que el amanecer de una flor. Este mundo empecinado en repetir sus errores, de manera constante. Este mundo que quiere hacerme estrellar.
      Lo haré. Estoy decidido. Mi objetivo. El bombardero. Soy invisible. Lo haré. Por mis propios medios. Por mis motivos. No les daré el gusto a esos trajeados que no conocen nada acerca del honor. Lo haré por mi familia, por mi comandante, por mí mismo. Al final el mundo entero sabrá que yo habré ganado. 

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