lunes, 9 de junio de 2014

Día 22: Charla de policías

      Dos policías patrullan la ciudad. Manning, al volante, y su nuevo compañero, Robinson. Manning está animado y tiene muchas ganas de charlar:

      - Decime, Robinson, ¿Qué te parece el trabajo? Seguro que en Los Ángeles te aburrías como loco.

      - Es diferente. Acá hay cosas que nunca vi. Los delincuentes cooperan un poco más. Hay más locos sueltos. Y después lo de este tipo encapuchado, ¿cómo se llama?

      - Batman.

      - Si, ese. Batman. No entiendo. El tipo es un chiflado. Anda suelto de vigilante y nosotros lo dejamos seguir, como pancho por su casa.

      - No entendés nada, Robinson. El comisionado Gordon le tiene mucho aprecio. No sé qué clase de relación rara tienen ellos dos. A veces jodemos a sus espaldas. Porque parecen amantes, ¿viste? Gordon lo llama con esa linterna que tiene en el techo, y el hombre aparece. Y se quedan charlando un rato. Como una cita amorosa. ¿No es romántico?

      Manning ríe con ganas, aunque no sea su mejor noche.

      - Sigo sin entender, Manning. A lo que me refiero: Ciudad Gótica está llena de estos maníacos que le gusta disfrazarse, roban, ponen bombas, toman rehenes, y en vez de llevarlos a una cárcel de máxima seguridad, lo meten en ese loquero de Arkham, que según tengo entendido, los tipos entran y salen como si hubiese una puerta giratoria. ¿Qué clase de seguridad puede dar batman a esta ciudad?

      Manning frena el vehículo y se arremanga. Le muestra el brazo derecho a Robinson, mientras le dice:

      - ¿Ves esta cicatriz? me la gané hace un par de años. Estaba metido en una situación fea dentro de un centro comercial. Uno de estos lunáticos, que se hace llamar Capitán frío, tenía a varias personas de rehén, y amenazaba a gritos con congelar la ciudad, ¿cómico no? Estábamos en pleno invierno, y ese día hacía 2 grados bajo cero. En eso aparece Batman, con esas entradas aparatosas que suele tener. Le arroja una de esas estrellitas ninjas con forma de murciélago. El Capitán frío la esquiva. Tanta mala suerte tengo que viene a darme de lleno al brazo. Como resultado de eso, estuve dos meses sin trabajar. ¿Querés saber cuántos dólares me dieron por ese accidente?

      - No sé. ¿Cuánto? Supongo que la ART te habrá cubierto algo. Estabas en hora de trabajo.

      - La respuesta es CERO. No me dieron un solo centavo. Todo gracias a esa "cláusula de Batman".

      - ¿Cláusula de Batman?

      - Sí. Lo que oís. Cláusula de Batman. Es un artículo en nuestra ART que estipula que no nos van a pagar nada si nos lastimamos a causa de un daño, sea directo o colateral, ejercido por Batman. El tipo es un peligro, no le importa que resultemos dañados. Por eso siempre quiere que estemos al margen de todo. Y ese es el negocio de la Aseguradora Wayne, así hace su fortuna.

      - Es todo muy extraño. Gordon tendría que estar al tanto de la situación, Manning.

      - Gordon puede irse a freír churros. Solo quiere fama y fotos en las revistas. A mí ya no me importa demasiado. Tengo 51 años, me falta poco para jubilarme, y lo único que deseo a esta altura es irme a la cama con mi esposa, y ver si mi amigo responde. Nada más. 
      Ese murciélago chiflado puede seguir montando su circo tranquilo. Soy un buen policía. Serví a mi comunidad. Ya esto me excede. Pero dejémoslo ahí, Robinson. Hablemos de cosas más felices. ¿Vamos a comer y a tomar algo?

      - Me parece una excelente idea.


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