viernes, 13 de junio de 2014

Día 26: Los márgenes de la locura

      Atomizar los pensamientos, diversificar las ideas, alternativas insoñadas. ¿Momentos de lucidez o raptos de locura? La línea parece delgada, los extremos no parecen tan extremos. De hecho en la genialidad anida el eco de una psicopatía. Quizás podría ser también al revés. 
      La demencia ha sido históricamente mesurada de acuerdo a ciertos estándares socioculturales. Existen consensos científicos, estudios genéricos y múltiples análisis que la definen, aunque nadie pueda asegurar con certeza cómo es estar loco, o si se nace loco, o si en verdad las medidas instauradas son las correctas y, por lo demás, correctas de acuerdo a qué principios.
      Las estructuras mentales como constructos, ideados, apilados, uno sobre otro, hacen del mero acto de comer una magdalena una novela. Es fácil vivir, pero a su vez no es sencillo, los mecanismos que estructuran el compendio de nuestros pensamientos son artilugios de inmensa complejidad. Se puede escarbar en los lugares comunes, en las pistas que dejan los trazos humanos por sobre la superficie, pero el iceberg es más profundo.
      A su vez, lo oculto, o las tendencias del inconsciente, no se manejan con nuestras mismas reglas. Existe un lenguaje supremo, primigenio, que establece la deformidad del signo. El proceso de semiosis se ramifica, se estruja entre los recovecos de la mente. Mientras tanto, del otro lado del cerebro, el que realiza las operaciones del comportamiento social, le llegan estos ramalazos de información, codificados, sin mucho sentido aparente.
      Por convención de la sociedad, loco sería el que escucha demasiado a su inconsciente, el que fuerza sus limitaciones a la instancia de la superficie del yo. Ahora, ¿en qué momento se ocasiona el desbalance? ¿Existe un punto de partida mítico? ¿Tendremos una base tolerable de locura para manejar los resortes de nuestra existencia sin caer en una espiral autodestructiva? Preguntas, y más preguntas. No hay respuesta, tan solo intuiciones.
      Lucidez y locura, ambas mismas alternativas, matizadas. La misma moneda que coexiste en el mundo de nuestros pensamientos. No existen los reversos, no existen los anversos. Mismas caras, opuestas y sin oponer. Por algún lado se encuentra una raíz, un impulso de vida, una madeja de hilo de la que el ser humano tira, tira y tira, hasta que la madeja no existe más. 

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