lunes, 16 de junio de 2014

Día 29: Otra clase de viaje

     De acuerdo a mi mamá, un viaje astral es una experiencia extrasensorial que ocurre cuando tu alma o lo que sea que tengas dentro tuyo sale de tu cuerpo mientras dormís y decide salir a dar una vuelta por ahí. De acuerdo a mí, un viaje astral es otro invento de la new wave, puras mentiras esotéricas. No estoy acá para desprestigiar a mi madre. Ella sabrá lo que hace.
     Lo que les voy a contar es algo que pasó a mediados de los años ochenta, en un pueblo de Pennsylvania, o cerca de ahí, no estoy muy seguro. En este pueblo vivía la familia Johnson: papá, mamá y el pequeño John.
     John Johnson, más allá de ser víctima de la cacofonía, era un niño feliz. No le faltaba nada. Ni contención familiar, ni amigos, ni fantasías infantiles. Su vida era perfectamente normal, salvo por sus sueños.
     Los sueños del pequeño John eran perturbadores. No por el mero hecho de ser una pesadilla, algo común en un niño de ocho años, sino por la extrema lucidez con que los recordaba y los grandes detalles que mencionaba. 
     Un viejo loco indio, de esos que andan por la calle, un día paró a la familia Johnson y le dijo la verdad, algo así como que su hijo estaba viviendo experiencias paranormales, y que sus sueños tenían reminiscencias cósmicas, porque no eran otra cosa que un viaje astral.
     Papá Johnson, lejos de tomar al viejo por loco y borracho, creyó firmemente en sus palabras, y vio a su hijo como una especie de revelador del más allá, o dicho en nuestro buen criollo, como una fuente de dinero.
     La movida tenía que ser quirúrgica, ya que necesitaba el consentimiento de mamá Johnson y el interés de John, al mismo tiempo. También tenía que esconder ante sus ojos el fruto naciente de la codicia. Nadie iba a hacer plata del pequeño John, es solo para conocer más la fuente de sus sueños, el mundo tenía que conocer lo que le ocurría, solo cobraríamos los viáticos, es para su futuro, y así toda clase de excusas, las cuales, lanzadas en la ocasión indicada, erosionaron las defensas de mamá Johnson.
     John, en cambio, fue más reticente. No estaba seguro de compartir con los demás lo que le pasaba. Sobre todo en la televisión. Le asustaban demasiado las cámaras. Se imaginaba frente a una gran cantidad de espectadores, todo ruborizado, no pudiendo controlar sus emociones. Eso sí sería una verdadera pesadilla. 
     Al final, la astucia venció a la bondad. El argumento de papá Johnson fue imbatible. Hijo, nadie quiere ponerte en una situación fea, pero piensa que en el futuro, podría ayudarte, y lo más importante de todo, piensa que le harías muy feliz a papá. Estocada al corazón.
     Podría decir que papá Johnson pagó caro su avaricia. Ganó muchos dólares, es cierto. Pero el cambio de rutina devastó su familia. Su mujer se había empezado a distanciar, los trámites en la cama no pasaban de ser eso, un trámite. En cuanto a John, su felicidad fue cayéndose de a pedazos. Nadie podía ver lo que ese niño acumulaba por dentro. Nadie excepto John. 
     Una noche, durante una presentación en Boston, sucedió lo impensado. John durmió y viajó. Su alma, o lo que sea, se desprendió de su cuerpo y se marchó. Viajó, viajó y viajó. Conoció países exóticos, llegó a la Antártida, luego un paso fugaz por Europa. Cuando venía camino a su casa el otro John decidió sentarse. No iba a volver más.
     Quería mucho a papá y mamá, pero solo les hacía mal. Todo por culpa de esto. Ellos eran buenos, y no tenían la culpa. Mejor quedarse acá, donde podía ser feliz, sin molestar a nadie. Y no volvió más.
     Los días pasaron en Boston. John fue llevado al hospital. Los especialistas le explicaron a la pareja Johnson la situación de su hijo sin rodeos. El estado de su cuerpo era excelente, para un niño de ocho años. Pero algo en su mente se había apagado, y dudaban que se vuelva a encender. El niño estaba catatónico, en un estado de coma del cual era dudoso que volviese a despertar. ¿Esperanzas? Algunas, podían ser días, meses, o años, con esas cosas uno nunca sabe. Papá dejó que una lágrima brote de su mejilla, y le tomó la mano a mamá.
     El otro cuerpo de John lo presenció todo. Por un momento volvió a ser feliz como antes. John lo tomó como una promesa. Regresaría algún día, cuando papá y mamá estuvieran bien. 

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