miércoles, 18 de junio de 2014

Día 31: Acordes de una pasión

      ¿Qué es esta enfermedad? Me poseía, como una pitonisa en el templo de su cuerpo. Los sentimientos me abrasaban, explotaba de lujuria al verlo.
      Ahora, frente a mi muerto amado, puedo confesarlo todo. Admito mi culpa. Lo amé hasta extinguir la llama de su vida. Lo asesiné pedazo a pedazo con mi pasión exacerbada.
      Tan difícil de evitar. Desde el momento en que lo conocí, sus manos de seda, acariciándome. Amor a primera vista, de la oscuridad a la luz. Luego del amor y el cariño vino la obsesión, los celos desmedidos, el descontrol de los sentidos.
      No podía verlo salir de casa, no podía perseguirlo. Estaba encadenada a mi inmovilidad. Quería poseerlo, y que me tocase todo el tiempo, una y otra vez, hasta dejarme exhausta. Gemía desde lo bajo hasta la nota más alta. Sus dedos me sacaban de mí. En sus manos era otra cosa. 
      Llegó un día en que no pude detenerme. Mi dueño debía ser mía por siempre. Lo obligaría de algún modo a permanecer. No escaparía. Traté de comunicarme a través del único lenguaje que teníamos en común.
      Y para bien, o para mal, lo logré. Le llegué al corazón. Fue un golpe directo. Atravesamos todas las escalas, cada punteo, cada acorde, cada estilo, desde la furia hasta la más grata tranquilidad, legatos fluidos daban paso a curiosos trémolos. Lo mantuve así por horas, días, hasta que mi amante empezó a evanescerse.  
      La piel de sus dedos se descascaraba. Lloraban sangre, a cada nota, a cada acorde, mis cuerdas. Mi mástil mojado por el líquido vital del amor, nuestra última canción.
      Acá todavía lo veo. Nadie descubrió el cadáver. ¿Qué puedo hacer? Estoy tirada en la cama, llorando en silencio, no puedo moverme. Quisiera confesarlo, pero ya nadie me escucharía, las palabras humanas son para mí murmullos ajenos. 
      Estoy sola en esta habitación, ya distante del mundo, lejano mi mundo. Aún siento los ecos de su melodía. Aún retumban, imperceptibles, en mi cuerpo de madera. Y no quiero dejarlo ir. No, no lo voy a dejar ir. 

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