sábado, 21 de junio de 2014

Día 34: Ratas mutantes y otras filias

      Pudieron haber sido un éxito, pero las puertas de la fama se cerraron justo en frente de sus narices. Sus composiciones superaban con creces a los mejores Beatles, sus incendiarias presentaciones combinaban destellos de Queen con The Who. Cuatro músicos con gran técnica, quizás la mejor del planeta. ¿Qué les faltó? ¿Un poco de suerte? Quizás. Aunque quiero creer que a los "Nacidos del temor", aparte de un nombre más rimbombante,  les faltó un poco de cofradía de especie.

      Claro, es relativamente fácil pegarla en la radio cuando sos humano y podés firmar autógrafos en las tetas de tus fans. Ahora, ¿Qué ocurre cuando sos una rata de laboratorio alterada genéticamente y querés hacer lo mismo? No es una pregunta retórica. Es literal. Así ocurrió.
      El doctor Coniglio nunca supuso que sus queridas ratitas, aparte de desarrollar un enorme avance cognitivo en relación a sus pares, iban a desear formar la banda de rock más novedosa y desenfrenada de la Tierra.
      Los echaron de cada radio, sello discográfico, canal de televisión existente en el mundo. Los discursos eran similares: "buscamos algo más humano", "a la gente les da asquito", "¿Nunca probaron dar vueltas en alguna ruedita?" Y miles de argumentos del mismo tenor.
      Cuenta la leyenda que los Nacidos del temor tocaron una sola vez en vivo. Nadie sabe, es un absoluto misterio como el doctor Coniglio, luego de ser echado, pudo convencer a sus padres para que le volviesen a prestar el garaje.
      Les hicieron un par de entrevistas los medios locales de lo paranormal, les preguntaban cómo se sentían. La respuesta fue estoica: "Nacidos del temor espera la aceptación de las masas, venimos a cambiar el rock. Y si Ratatouille pudo cambiar la visión que se tenía de las ratas, no veían por qué fuera a ser diferente con ellos".
      Claro que nadie les aclaró a las ratitas del Doctor Coniglio la diferencia entre una rata animada, diseñada para ser amigable, y un engendro producto de una alteración genética.
      Pudieron tocar un solo tema. El final de Nacidos del temor fue trágico. Un hombre con una ametralladora, el cuál, de acuerdo a los testigos visuales, se parecía a Sigmund Freud, irrumpió en el recital al grito de "mueran, payasos". Así terminó su corta carrera. 
      Por fortuna, el morbo en los humanos es mayor que el asco, y el éxito póstumo de Nacidos del temor le aseguró un efímero hit en las radios del pueblo.

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