martes, 24 de junio de 2014

Día 37: Este perro está amaestrado

     Un hombre andaba con un perrito a upa, un pequinés con cara de pocos amigos. Caminaba por la vereda de la plaza, con la mirada algo extraviada. Parecía haber perdido algo. Una señora estaba sentada en el banquito y lo observaba.

     - ¿Se le perdió algo, jovencito?- Inquirió la señora.-

     - Este perro está amaestrado.

     - ¿Que qué, hábleme más fuerte por favor, que no lo escucho?

     - Digo que este perro está amaestrado... - Repitió el hombre, tranquilo, mientras por lo bajo exhalaba un vieja conchuda.-

     - Mire usted qué lindo. -Sonrió la anciana.-

     - No se lo digo para que me alabe el perro, le digo que está amaestrado para que no se preocupe. Verá, la gente a veces tiene miedo que Pipí muerda, y en realidad es más manso que el pan. Se lo advierto, porque requiero sentarme al lado suyo. Tengo las piernas cansadas.

     - Siéntese, siéntese, joven. ¿Lindo día hace, no?

     El hombre, de unos treinta y cinco años, tomó asiento en el banquito. Su cabeza miraba fijo al cielo, mientras sostenía al perro con fuerza.

     - Estoy cansado, sabe señora. ¿Le conté que Pipí está amaestrado? Sabe dar la patita. Pipí, dale la patita a la vie... a la señora. -Pipí no obedeció a las instrucciones.- Bueno, por ahí está cansado también, ya me va a hacer caso.-

     - No se preocupe, muchacho, le creo.

     - Hace lindo día, de verdad, señora. Dígame, ¿qué hace acá sentada? ¿Espera a alguien?

     - No, no, voy camino a casa. Lo que ocurre es que la cadera no me deja llegar, por eso cada dos o tres cuadras necesito sentarme un poco para descansar.

     - Ah. Entiendo. A Pipí una vez se le dobló la patita y estuvo dos semanas medio renguito. Pobre, tendría que haberlo visto. Tengo fotos. ¿Quiere verlas? ¿Quiere verlas?.

     - Se lo agradezco, joven, pero ya estoy por irme. -respondió la señora.-

     - Quédese un ratito más. Hágame compañía. Por favor...

     - Bueno, si me lo pide de ese modo.

     La señora no pudo evitar sonrosarse. Gracias a una mirada furtiva pudo asegurarse que el muchacho la estaba mirando fijo, como si quisiera hipnotizarla. Los nervios le ganaron la partida, y no se le ocurrió mejor frase, así que prefirió quedarse en silencio. Le hizo una caricia al pequinés. A Pipí no le hizo mucha gracia el cariño y emitió un tímido ladrido. Acto seguido, mordió a la señora con ganas.

     - Pero, Pipí. ¡Perro, malo, malo! -El hombre daba pequeñas palmaditas a su perro.- Disculpe, vi... señora. Es que no sale muy seguido. Lo pone nervioso la luz del sol al pobre Pipí. Es un perro de noche. Le gusta la luna, ¿sabe? Tengo fotos, ¿quiere ver?

     - No, gracias. Ahora sí tengo que irme. No se preocupe, joven.- Añadió algo nerviosa la señora.-

     - Espere un segundo, por favor. Tengo que compensar lo hecho por Pipí. Sabe, este perro está amaestrado. No corresponde a su pedigree. Ya sé, voy a arrancarle el corazón.

     - Pero, ¡Usted es un desalmado! Pobre perro, solo fue una mordida. - A la señora le temblaba el labio inferior.

     El hombre se puso de pie y se acomodó el pelo. Tenía una sonrisa magnética.

     - Ja ja, Disculpe. Me expresé mal. Nadie le va a hacer nada a Pipí. Él es mi sol, mi hijito. No, me corrijo señora. Voy a arrancarle el corazón a usted.

     El golpe vino tan rápido que ni lo sintió. De un momento a otro, la anciana había perdido la vida. Media desplomada en el suelo, despedía a través de su boca un fino hilo de sangre.

     - Qué tenga buen día, vieja conchuda.


No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...