jueves, 3 de julio de 2014

Día 46: El hombre extremo

      La dimensión de un gigante. Meta tras meta, pasos sin detenerse. El recodo de la gloria. Salve el hombre extremo.
      Aquel que busca batir las palmas más rápido que un colibrí. Es esa persona que contiene la respiración y rivaliza con los peces. Capaz de morder agujas sin lastimarse o vivir un año entero con una sola gota de agua. ¿Qué lo motiva al hombre extremo? No desea la gloria, no tiene un mal pasar económico, sus proezas no remiten a viejas promesas. El misterio vive y persiste.
      Sus historias son capaces de hacer palidecer a cualquier libro Guinness. Como ocurrió en 1996, con motivos de la celebración de los juegos olímpicos en Atlanta, cuando realizó todas las competiciones olímpicas en tiempos inauditos, números que aún persisten en los libros negros del deporte.
      El hombre extremo vive su vida del mismo modo, ha sobrevivido a múltiples accidentes de moto, camión, auto, martillazos e incluso una ráfaga de ametralladora. Ha esquivado decenas de veces la muerte. El hombre extremo es aún más esquivo en cuanto a entrevistas se refiere. Mantiene una vida de ermitaño, alejado del ruido de las grandes ciudades, en un pueblo francés. Sus vecinos pocas veces lo ven salir. Eso ocurre una o dos veces al año, como mucho, que es cuando realiza sus pruebas. 
      Existe un último hecho referido a la vida de este extraño personaje. Un par de años atrás, un prestigioso psicólogo expuso una teoría interesante respecto al hombre extremo. De acuerdo a él, las motivaciones que subyacen en la mente del hombre extremo están asociadas a un deseo latente de morir. Incluso aventuraba, cuenta el psicológo, que no sería extraño encontrar en su psique rasgos esquizoides, incluso delirios de grandeza. Tal vez en su mente cree que es un dios, por lo tanto inmortal, y eso genera un deseo inherente a lo mórbido, una pulsión del thanatos.
      El relato del psicólogo fue tan interesante que la producción recibió un extraño llamado. Nadie pudo descubrir su fuente. Lo único que se sabe es que alguien llamó desde Francia, se arrepintió de hablar, y cortó.

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