viernes, 11 de julio de 2014

Día 54: La legión

      Dicen que establecieron un pacto con antiguos demonios, so pretexto de obtener la inmortalidad. Fueron vistos en extremos distantes del mundo conocido, han atravesado galaxias. Nacieron y renacieron bajo distintos nombres. Su sangre se ha secado y la erosión del tiempo los volvió hombres sin rostros. La legión camina. La legión camina sin rumbo fijo.
      Un grupo de exiliados camina sin rumbo fijo, a través de un purgatorio eterno, donde el principio y el fin son infinitas líneas paralelas. Los pasos ya no se cuentan. Son infinitos. La legión no piensa, no actúa, solo camina, hacia adelante, hacia donde el camino los lleve. 
      Son siete hombres, pero no necesitan ser contados a lo largo de sus individualidades. Son uno. Caminan como uno. Son un organismo simbionte. Cada extremidad de cada cuerpo forma parte de una sola legión. La legión. No están vivos. No están muertos. Tan solo caminantes.
      Siglos de intemperie han destrozado sus cuerdas vocales. Siglos de tragedias, descubrimientos y nuevos lenguajes derrumbaron su capacidad de sorpresa. La legión entiende los avatares del mundo, los entiende mejor que nadie. Saben que podrían solucionar el hambre. Han visto nacer por doquier vastas esperanzas y mecanismos de autodestrucción. Saben cómo detenerlo. Pero no quieren. No pueden. Solo sus desgastados pies saben lo que hay que hacer.
      Al final, por donde el sol yace, se encuentra la promesa. Es el fin del tormento. Saben que deben caminar. Deben trascender las limitaciones de Ícaro. 
      Un viejo sabio se cruzó una vez en su camino. Les habló de las maravillas del mundo, de las señales del mañana que la legión ignoraba. Nada hizo mella en su determinación. El sabio dijo, al final, que si bien los caminos que la existencia elige para los individuos pueden resultar una larga travesía de cíclicos desvíos, en esas repeticiones inalterables encontrarán el alivio a sus interrogantes.
      La legión, que caminó por siglos la Tierra, oyó con atención al viejo. Recibieron del anciano una flor, y pensaron que a pesar de haber peregrinado varias veces por el mismo camino, nunca se encontraron con una persona similar. Luego de que ese pensamiento atravesara el cerebro de la legión, uno de sus pies tembló e intentó detener el paso. 

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