martes, 15 de julio de 2014

Día 58: El loco del bate

      Por las mañanas, mientras lee el diario, el loco del bate desayuna. Un desayuno rico en nutrientes es la base de todo loco del bate saludable. Es importante la fortaleza y la agilidad, tanto mental como corporal. La lectura del diario brinda la información necesaria como para mantener de manera óptima los niveles de locura. Luego del pequeño ritual matutino, el loco del bate sale a caminar. Analiza el territorio, contabiliza sus posibles víctimas y diagrama en su mente el resto de las obligaciones del día. Lo hace todo gritando, y con el bate en la mano. La apariencia es primordial en un loco, hay que aparentar lo suficiente, si no el trabajo es en vano. 
      El precalentamiento lo suele brindar los pequeños perritos que deambulan por la calle. No necesitan más de dos o tres golpes, uno o dos si se es un loco del bate entrenado. El espectáculo de vísceras canino es aire de mañana en la vida de este loco del bate.
      Al mediodía ocurre el primer stop obligatorio. El almuerzo del loco del bate es frugal, lo suficiente como para tener energías por el resto del día. Un par de horas de siesta y luego a trabajar. 
      Las víctimas del loco del bate suelen ir de acuerdo al día, ya que son organizadas de acuerdo a patrones temáticos. Un día le toca a los religiosos, otro a las señoras que el loco denomina "conchafritas", el día masoquista, en el que elige personas con buen físico, como para recibir un poco de resistencia, el día de las damas en peligro, el día de los pelados contentos, y, su día favorito, el tutti frutti, en donde elige una calle al azar, en lo posible muy transitada, y da golpes a diestra y siniestra. 
      El objetivo del loco del bate no es matar. Se contenta con magullar, amorotonar, dislocar, luxar, y cualquier actividad que involucre la rotura de una parte del cuerpo humano. Además el loco sabe que su comportamiento no es muy aceptado por la sociedad, así que tiene mucho cuidado. El loco evita a la policía y cualquier situación de conflicto ajena a su conflictiva labor.
      Luego de la tarea de la tarde. El loco del bate se tira en el piso, desnudo en lo posible, y mira el atardecer. El atardecer lo vuelve más loco todavía. No puede entender, ¿Por qué se va la bola amarilla si al otro día vuelve? ¿De dónde salen esos puntitos blancos? El cielo es raro. El loco del bate no lo entiende. Así se pasa las tardes, ensimismado en sus pensamientos. Sus cavilaciones están acompañadas de unos ligeros espasmos, y algún que otro grito.
      La gente que pasa lo conoce, y trata de evitarlo. Ya saben que a veces se ligan un mamporro de la nada, así que mejor estar atentos.
      Cuando cae la noche, el loco del bate vuelve a su casa, sacudiendo su bate como un jugador de baseball desquiciado. Dice que es su entrenamiento de noche. A veces cae algún que otro tipo. Un bonus track.
      Luego de una cena completa con postre, el loco del bate se va a dormir. Y sueña, sueña, ansioso, por el mañana. Sus sueños son felices, calmos. Y así se levanta, calmo, feliz, con una sonrisa en los labios.

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