lunes, 21 de julio de 2014

Día 64: El eslabón perdido

      La idea permanece invisible a su creador. La señal es peligrosa, aguarda el momento para atrapar a su víctima. Los pocos sobrevivientes alternan entre el espanto y la falta de sorpresa. Nadie pudo prever las consecuencias del estallido. Nadie pudo evitar que naciera un planeta vacío.       
      Los más intrépidos trataron de solventar los problemas acaecidos. Fue inútil, sin embargo. Las cabezas permanecieron vacías, a la espera de una salida ingeniosa que nunca apareció. Otros, escépticos, creyeron que se trataría de un caso de amnesia pasajera, fruto de una pandemia silente que estupidizaba a la sociedad.      
      Ahora, la red de comandos se ha independizado de la actividad sináptica. Millones de individuos caminan las calles, chocan contra los árboles, escupen pavimentos, se ahogan en las aguas de los sin motivos. Es imposible recobrar las funciones del recuerdo. Activar. Memorias apagadas.       
      Muchos científicos, con altas dotes para la investigación, quisieron pergeñar una solución al dilema. Individualizaron posibles virus causantes de tal enfermedad, hipotetizaron acerca de visitas extraterrestres y extrañas abducciones, aventuraron que tal vez exista un acuerdo entre los gobiernos y las grandes multinacionales para que reine el caos en la sociedad, y así emergerían en la tempestad como los únicos reyes.      
      La población autómata no distingue entre el suicidio y la vida. Son posibilidades por igual. Algunos ni siquiera hablan. Otros sujetos no pueden caminar. Los que son capaces de sobrevivir un mayor período de tiempo, se las han arreglado para cazar pequeñas presas. Sin embargo ninguna conjetura fue correcta. La descognición fue un proceso que ocurrió por que sí. Nadie lo planeó. Caprichos de la naturaleza, quizás. Nadie creía en la involución, aunque era lo que ocurría.      
      Los últimos especímenes dotados de inteligencia presenciaron la última debacle de la raza humana. Los primeros eslabones perdidos habían nacido, seres híbridos, que ya no eran simios, pero tampoco humanos. Una nueva raza, con nuevas conductas, con actitudes diferentes a la de sus predecesores. Los últimos humanos fueron capaces de escribir un pequeño libro en el cuál han dado cuenta de su extinción.  

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