jueves, 24 de julio de 2014

Día 67: Desde abajo

      Hace un tiempo incontable vivió en nuestro suelo una tribu olvidada. Eran pequeñitos, muy pequeños. Ningún habitante sobrepasaba el metro de altura. Claro que el enanismo no es el asunto de este relato, sino una peculiaridad anatómica que aquejaba a todos los miembros de la tribu. A lo que me refiero es a la tortícolis.
      Nadie sabe cómo ni cuándo. Hay que suponer que por esos años, la evolución tenía un papel bien descarado, y no le importaba generar de vez en cuando estos caprichos de la naturaleza. Los niños, las señoras, los viejos, los hombres de guerra, el estúpido, el maestro, la prostituta, todos miraban al cielo, sin motivo aparente, o mejor dicho, porque no les quedaba otra. El cuello les había quedado trabado en esa posición. 
      Los choques entre personas eran de lo más comunes, dado el acotado campo visual de los nativos. Por lo general, estos accidentes eran motivos de sangrientas disputas, así que es justo decir que las muertes por peleas ocurrían seguido. Una condición curiosa, habitantes peculiares con una herencia genética un tanto extraña. Aún así, este tampoco es el asunto del relato.
      Lo que en verdad nos interesa ocurre abajo. Justo debajo de los ojos de los pequeños nativos. No me refiero a los fantasmas y demases almas en penas que aprovechaban para vagar por esta tribu libres de ser visualizados, sino de unos extraños y mucho más pequeños visitantes del espacio exterior.
      Ellos sí aprovechan. Han desarrollado una civilización muy avanzada a costa de la tortícolis de los habitantes. Mientras la tribu se preocupa por chocarse entre sí e instigar luchas a muerte, los pequeños extraterrestres utilizan los recursos de nuestro planeta de manera indiscriminada. Incluso a veces les hacen bromas a los nativos, pero ellos no entienden, mejor dicho, no ven nada.
      Además, los visitantes hablan muy bajito, no se escuchan, así que pasan desapercibidos, salvo cuando quieren tirar a un humano. Eso les divierte, hacerlos trastabillar, ni siquiera tirados en el piso son capaces de verlos. Es como que no solo su cuello funciona mal, sino también su sentido de atención. 
      Lo curioso del caso es que los extraterrestres han estado tan preocupado por tomar ventaja de sus vecinos que han olvidado mirar para abajo. Justo a sus pies, en donde se desarrolla un cultivo de microorganismos a costa de los pequeños visitantes Ellos sí aprovechan. Preparan su ataque. En cualquier momento los van a devorar a todos, y nadie se va a dar cuenta de nada. Ellos sí aprovechan. 

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