jueves, 28 de agosto de 2014

Día 102: Inception a la criolla

      El autor en su laberinto. Azotado por sus sombras. Es el dilema irresoluto. La idea de volcar unas cuantas palabras, unidas bajo una clase de sentido diabólico y adosarle un formato de texto escrito, como para que las aves de rapiña de las editoriales hagan un libro, o algo así. El precio de la fama se paga por adelantado y no hay devoluciones.
      Ante el carraspeo nervioso de la máquina de escribir se halla un problema. ¿Cómo desatascar el mecanismo creativo? ¿Se habrá quemado algún fusible? Una idea alocada. Un pequeño boceto se dibuja en el cuaderno de notas. Un hombre sostiene una soga, en la que se encuentra atado otro hombre. Lucky y Pozzo. Uno necesita del otro. Son el agua y la sed. El alcohol y su vicio.
      Necesito un Lucky, pensaba el autor. El látigo lo utilizaría sólo para ocasiones especiales. Nada de pegar muy fuerte. Suave. Castigar con seda, esa era su idea. 
      Él sería Alexandre Dumas, y Lucky su escritor estrella. Le pediría que le escriba una novela. Algo especial. Algo que ningún humano se hubiese atrevido a soñar. Lucky acataría cada palabra de su benevolente amo. Sonaría sus dedos, y pondría de inmediato manos a la obra. 
      En la novela de Lucky, aparecería un viejo Stephen King, que es acosado por un fan enfermo. Este fanático secuestra al señor King y lo obliga a reescribir el final de Misery. Paul Sheldon debería morir. Annie Wilkes sobreviviría, como un alter ego del autor.
      El señor King tratará de huir, y será castigado, de modo cruel, por el fanático enloquecido. Se negaría a escribir la obra. El hombre no está tan loco después de todo. Se da cuenta que todo el proyecto era un sueño quijotesco. El fanático abandonaría a Stephen King, desnudo, en el medio del bosque.
      De alguna manera, Stephen King sobrevive, y logra contactar a Lucky. Así, el señor King se vuelve el colaborador número uno de Lucky, y el autor logra su cometido de escribir una novela.
      Mientras tanto, en Misery, Paul Sheldon es rescatado por una enfermera retirada que le pide que resucite a una heroína de sus novelas, llamada Misery. Lo tendría por meses en su casa, lo obliga a escribir. Lo castiga. Paul Sheldon logra escapar. Misery muere.
      En otro lugar, muevo el sentido del texto para que el autor responda a mí. Narro su historia, juego a ser Dios un rato. La historia ha sido contada. Ahora esperaré a que alguien cuente la mía.

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