viernes, 29 de agosto de 2014

Día 103: Guiño al Infierno

      Las cosas están frías en el Infierno. Es que los demonios se cansaron de ser explotados, de pagar con su sangre los vicios del patrón. Esa noche eterna depusieron sus tridentes, apagaron sus calderas, guardaron sus látigos. Los demonios organizaron el primer paro general en el Infierno. 
      Las movilizaciones enfrente a la oficina de Lucifer no se hicieron esperar. Mientras tanto, los nuevos condenados murmuraban: "ésto no está tan mal, se parece al Cielo, pero con un poco más de calor".
      Lucifer no se dignaba a salir del despacho. Tenía miedo a que colocaran su cabeza sobre una picota. No entendía el razonamiento de sus súbditos. Les daba pan, un hogar, y aún querían más. Tan desagradecidos iban a ser. Ésto en el cielo no ocurre.
      Y la gente. La gente. Lucifer se tomaba la cabeza. Alguien tenía que castigar a los condenados al sufrimiento perpetuo. No le quedaba más opciones que subcontratar a algunos ángeles a la deriva para que hagan el trabajo. Tampoco era una alternativa muy limpia, pero qué le iba a hacer. El Infierno tiene que mantener un orden, y así debe ser. Algo que nunca van a llegar a entender estos demonuchos de cuarta. 
      A diferencia de sus pares en la Tierra, las medidas de fuerza de los demonios son energéticas. El paro no se detiene ante nada. Es un paro que puede durar eones. Es un paro que no merma. Así lo sufría Lucifer, aún con sus ángeles a la deriva recién llegados. Las tareas eran completadas, claro. Pero cada tanto algún que otro ángel era asesinado por un demonio en huelga rabioso. La situación era inadmisible, algo tendría que hacer.
      Otra solución poco elegante. Hacía dos siglos que no se hablaban. Desde esa última conferencia, cuando discutieron feo. En el fondo lo sigue queriendo, le tiene afecto. Pero es tan iluso. Recordaba detalles de la conferencia y se le hervía la sangre. ¡Maldito lunático! él y sus ministros de propaganda, me sabotean, me hacen mala publicidad. ¿Adónde iría a parar esta organización? Si al fin y a cabo tengo mayor experiencia empresarial que ese otro. Nunca me va a reconocer que el Cielo es una burda copia del Infierno, nunca. Él y su maldito Ego, así, con mayúsculas, Ego, Ego, Ego.
      Pues claro, las alabanzas de los terrícolas se le vino demasiado a la cabeza. Es un engreído. Toma un título que no le corresponde. Dios. Un mero administrador. Nada más y nada menos. Él también era un administrador. De hecho, sus estadísticas siempre le han demostrado que tiene adeptos en 75 planetas, contra los 55 planetas administrados por Dios.
      Y la Tierra. La Tierra. Otro terreno de disputa. Si tan solo me pidiera disculpas. Para no repetir lo ocurrido en Tremulak. Si tan solo fuese un poco más humilde, más a la semejanza de como lo pintan los monos terrestres. En fin, poca importancia tenía ahora los berrinches de juventudes pasadas. Tenía un problema, ahora, y necesitaba su ayuda.
      La respuesta de Dios no se hizo esperar. El muy pedante, mascullaba Lucifer, al cortar el teléfono luego de una extensa charla. Hola Luci, cómo andás, hola, hola, ¿todo bien? Sabía que me ibas a necesitar... bla, bla bla, ¿quién carajos se cree que es? Mis dominios pueden costear sin temor a caer en crisis sus servicios. Mejor dicho sus matones.
      Sé bien como trabaja, lo sé, pensaba Lucifer. Va a mandarme dos o tres de sus arcángeles de guerra. Me asesina a todos mis trabajadores, y a cobrar. Total, mi industria para él no vale un comino. Él y sus soluciones fáciles. No le voy a dar el gusto. Voy a cancelar todo. Voy a llegar a un arreglo con mis demonios.  

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