miércoles, 6 de agosto de 2014

Día 80: La inevitabilidad

      El guía de turismo se paseaba con soltura por la ciudad. El contingente, admirado, sacaba neurofotografías por doquier:

      - Ahora, si observan a su derecha, podrán admirar una de las maravillas de la Tierra. Los humanos las llamaban plazas. En estos espacios de divertimento, la especie terrícola aprovechaba su tiempo de descanso para sentarse en los bancos y admirar la naturaleza. Desde ya, sabemos que sus conceptos eran primitivos, dado que esta concepción de naturaleza es reduccionista, y no reproduce la profundidad de los grandes bosques terrestres. Si caminamos un poco más, podrán observar el centro de la ciudad. A esta hora, los habitantes de la Tierra están a punto de salir de sus trabajos.

      Un pequeño miorlakiano levantó la mano:

      - ¿Por qué necesitaban todas estas cosas los terrestres?

      - La respuesta es sencilla, mi querido Briok. -la sonrisa del guía se iluminaba- Es porque eran unos malditos idiotas.

      - Ah.

      - Eres muy pequeño para entender esas palabras. Verás, muchacho, la especie humana se caracterizó por alcanzar niveles de inteligencia media, un 5 en una escala del 1 al 10. Las especies con ese nivel de conocimiento requieren explotar sus medios de supervivencia natural, para, bueno, es redundante, para sobrevivir. No llegaron a entender que el organismo natural es simbionte a cualquier especie, y por lo tanto, no se requiere explotar nada, si no más bien, hay que promover su desarrollo. Y así se extinguieron. ¿Entiendes?

      - Creo que sí. ¿Usted me dice que los humanos no alcanzaron el equilibrio Gamma? - Inquirió Briok-.

      - Exacto, muchacho. Pero no hay que culparlos. Su tecnología era demasiado primitiva. Por otro lado, el comportamiento de su especie se lo habría impedido. Eso tienen que saberlo todos, la especie humana tenía fobia al conocimiento.

      Curiosos por la escena que se desarrollaba, un par de humanos se acercó al contingente. Uno de ellos sacó un objeto brillante de su bolsillo y empezó a proferir amenazas en un lenguaje inentendible. El contingente empezó a alborotarse. Mientras tanto, el guía, como si nada ocurriese, continuó con su explicación:

      - Señoras, señores, calma, calma, no hay nada de qué preocuparse. Este par de individuos, así como la plaza, la ciudad, bueno, de hecho, todo lo que hay en este planeta abandonado, es una reproducción holográfica, emitida a 2 años luz de aquí, con propósitos meramente educativos. Verán, esta reproducción nos ha amenazado en su idioma. Nos dice que si no abandonamos su planeta, nos van a matar a todos, ¿No son tiernos?.

      El humano, cansado de tanto parloteo extraterrestre, disparó contra el guía. Un charco de sangre violeta descendía por el pasto, a medida que, a través de pequeños e imperceptibles titileos, se descubría el engaño del holograma.

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