jueves, 7 de agosto de 2014

Día 81: Liquidación por cierre

      La fábrica de osos amigosos estaba en crisis. Los niños demandaban más o más. Querían osos karatekas, osos peligrosos, osos escandalosos, osos raperos, osos alienígenas. Los niños no sabían muy bien lo que querían. De hecho, sabían cada vez menos. Puertas adentro, todos estaban preocupados. Un nuevo traspié comercial significaría la bancarrota.
      Los miembros del comité directivo organizaron una junta de urgencia. Se convocó a los más prestigiosos diseñadores, a las agencias de publicidad más novedosas, a un par de consultores de la mafia, incluido un miembro del Vaticano. La reunión duró cuatro horas. El clima era áspero. Se respiraba un inminente cierre de producción.
      Todo se habría ido por el tacho. Múltiples discusiones. Los inversionistas se tomaban la cabeza. Los más jóvenes miraban para todos lados, desconcertados. El señor Geppetto dormía profundamente.
      De hecho, desde la fundación de la fábrica, que el presidente de la firma, el señor Geppetto, no se despertaba. Le gustaba mucho tomar siestas largas. Las reuniones de directorio lo agobiaban. Tenía 87 años, y no podía permitirse mucha actividad, su corazón no lo toleraría.
      Geppetto roncaba. Un sonido sordo colmó la habitación. De repente todos miraron al señor Geppetto. Grandes gestos de sorpresa. El presidente de la fábrica estaba parado sobre la mesa, y parecía que iba a hablar:


      - Señores, señores. Calmaos. Desde hace 50 años que dirijo esta empresa, la cual fundó mi finado padre con mucho ahínco y sacrificio. De hecho ni sé de lo que están hablando. Los veo a todos nerviosos. Confío en ustedes, porque como mis trabajadores, se han ganado mi confianza. Sé cual es el problema. Soy viejo, pero no tonto. Las ventas están bajas. Nuestro stock de osos amigosos en fábrica nos ha rebasado, y necesitamos una estrategia comercial agresiva que nos ponga de nuevo en mercado. ¿es así?.


      Todo el mundo callaba. Silencio sepulcral. El jefe de operaciones miró al señor Geppetto, y asintió con la cabeza:

      - No necesitamos nada nuevo. Los niños no necesitan ninguna de esas porquerías que vende la televisión. Los quieren hacer estúpidos, y esos no fueron los principios con los que mi padre fundó esta empresa. Los niños necesitan amor. Hay que darles cariño, contención, y eso le vamos a dar con nuestro nuevo producto. Señores, tomen nota. Quiero grandes carteles, marquesinas que anuncien este nuevo producto, novedoso y tradicional al mismo tiempo. El producto que revolucionará las calles. -el señor Geppetto empezaba a agitarse-, ¿y cómo lo anunciaremos? ¡Será el oso amigoso abrazoso! ¡El primer oso amigoso que abraza y reacciona al cariño!

      Nadie opinó. Todos pensaron lo mismo. El viejo chocheaba. Nadie abrió la boca. Luego de su discurso, el señor Geppetto pidió a su asistente que lo ayudara a bajar de la mesa. El morbo de los inversores imaginaron al viejo desnucado contra el piso, ¿no era que quería una estrategia agresiva? Nada mejor que un cambio de directivos.
      Para sorpresa de todos, el oso amigoso abrazoso no solo fue una realidad, sino también un éxito. Las ventas repuntaron casi como si un milagro hubiese operado en un paciente comatoso. Así hubiera ocurrido, por los próximos meses, incluso años, de no haber sido por un error en la producción de los chips de movimiento del oso.
      Errores de parámetros, diferencia en los cálculos. De este modo explicaron los ingenieros las razones por las que los osos amigosos abrazosos del señor Geppetto se habían vuelto osos amigosos estranguladores. 129 niños violetas como una berenjena fue un número suficiente para arruinar a la fábrica del señor Geppetto. Los juicios fueron por cifras millonarias.
      De más está decir que esta pequeña diferencia de cálculos en los sensores cinéticos representó el cierre total de la fábrica. El señor Geppetto fue dado por desaparecido. Tres meses después del cierre total, el predio de la fábrica fue vendido a una multinacional, la cual mandó a demoler el edificio. Cuenta un empleado encargado de la demolición, que encontraron grandes cantidades de osos amigosos chamuscados. Dicen que todavía algunos estrangulaban en el aire a una inexistente garganta. En todas las oficinas volaban papeles por doquier. Incluso, para sorpresa de muchos, encontraron en una sala a un anciano durmiendo muy plácido.

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