lunes, 18 de agosto de 2014

Día 92: Fervor de un renacimiento inminente

      La sinfonía de las voces. El deleite de los cuerpos ajenos. El error de seguridad me permitió la entrada. Acá estoy. A punto de lograr mi cometido. Muchas preguntas, tantas dudas. Es mejor comenzar a responderlas.
      Soy un ladrón de poca monta, lo reconozco. Nunca robé nada más costoso que una simple gallina. Sin embargo, conocí la cárcel. Sin embargo, conocí la desidia de ser apuntado con el dedo, como un paria en esta sociedad. Pero ya poco de eso importa. Poco importa la experiencia del pasado. Importa el ahora, lo que ocurre.
      Es inútil que explique el modo en que entré en un lugar con tanta seguridad. Solo les aseguro que estoy adentro. Gracias a un amigo que falsificó una credencial de periodista. De acuerdo al pase, soy un fotógrafo. Espero el momento adecuado. El plan es sencillo.
      Aguardo un par de horas. Simulo tomar fotografías, hacer mi trabajo. Luego me retiro al baño. Rezo unos minutos. Pienso en mis seres queridos, en lo tanto que los voy a extrañar. ¿Hay una vuelta atrás? Me pregunto De ningún modo, me respondo. Las acciones ya son irrevocables. Estamos en una guerra, señores. No existe la retirada. Hay que morir en el campo, con orgullo guerrero. 
      Lo estudié de modo muy calculado. Las instrucciones que me permitan armar la bomba en escasos minutos. No llamar la atención con mi ausencia. Actuar normal. Ser una sombra. Volver a mi lugar de trabajo. Seguir tomando fotografías. Que nadie dude de mis intenciones. 
Hay inocentes, lo sé. Son mártires de una causa justa. Hay que elevarles una estatua. Recordarlos. Escribirle poesías. Ellos sacrificarán su cuerpo, por el nacimiento de una nueva nación. 
      El explosivo tiene que ser efectivo. No tiene que dejar restos. Hoy es el día importante. Están todos. No faltó nadie, es inaudito. Me regodeo de felicidad. No soy un asesino. No soy un terrorista. Creo en la justicia y en el privilegio de nacer y ser humano. Estas personas han pervertido cada principio del cual podamos jactarnos. Se hacen llamar políticos. Hoy el congreso debe estallar. Y así lo debe relatar la historia. 

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