sábado, 23 de agosto de 2014

Día 97: Engranajes de la naturaleza

      La rama invasora acomete contra el cimiento. Lo arropa en sus tentáculos vermiculares. Con cariño estruja el pavimento y luego decide invadir la casa. No golpea la puerta, es un árbol. Los árboles no necesitan tocar a la puerta. Simplemente pasan. Arrollan.
      Las ventanas se astillan. Brotan hojas por entre la mesa y la heladera. Una mujer grita. Un hombre asiente. Un niño mira, curioso. El árbol siente cosquillas. El niño lo acaricia. Espera apaciguar a la fiera de la naturaleza. 
      El cuadro de situación es por demás extraño. Una familia ve como su casa se hace pedazos, mientras un árbol la invade, sin miramientos. Hay un par de gritos más. El timbre suena. Otro árbol. Éste habla, además.
      El árbol parlante le pide perdón a la familia por los destrozos ocasionados por su congénere. Le explica que está en tratamiento, pero no aclara tratamiento de qué. Simplemente tratamiento. El árbol parlante pide permiso para sentarse. Trata de calmar al árbol furioso.
      Las palabras del árbol parlante no hacen más que volver más furioso al árbol destructor. Más gritos. El hombre intenta clavarle un cuchillo en la corteza del árbol, pero es inútil. Palabras van. Palabras vienen. El árbol parlante empieza a tomar color. 
      De hecho se enfurece también. Una disputa entre árboles se produce en el living. Se arrancan las hojas. Se golpean entre ellos con sus troncos y sus ramas. Un momento dantesco. La casa tiembla. Se siente un ruido. La casa cae. 
      El árbol furioso, el más furioso claro, se calma. Entiende que actuó mal, y pide perdón a la familia. Luego de sacudirse un poco las ramas de encima, saluda junto a su compañero y se retiran. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...