jueves, 4 de septiembre de 2014

Día 109: Bitácora del frenesí

      El sexo nos ocurre, es como el hipo. Nos molesta el diafragma y luego se nos pasa. A veces nos preguntamos si, como toda droga legal, el sexo será perjudicial para la salud. ¿Matará una sobredosis de tetas y culos? No, por supuesto que no. Y aquí está el mayor peligro.
      El sexo lastima a partir de su inocencia, total ¿Qué importa cogerte una cabra a las cuatro de la mañana? ¿Qué importa inducirte un pepino por la vía rectal? ¿Qué importa hacerse una bukkake de pis? Es bueno para el alma, dicen. Las tendencias liberales, los tiempos han cambiado, afirman.
      ¿Qué tanto de encontrar a Dios hay en una orgía? El lamento a moco tendido de los sectores conservadores de la sociedad. A veces es ni tanto, dado que la cultura tiende a encorsetar nuestras actividades predilectas, como fusilar transeúntes desde la cima de un campanario, o tener sexo, lo mismo da.
      El sexo se confunde bajo una paleta de sentimientos que van desde el placer hasta el dolor. El sexo puede dar vida, el sexo puede asfixiar, el sexo puede matar. ¿Lo hace o no lo hace? ¿O son las decisiones de quien lo practica, mientras le pone vaselina a una cabra?
      La tendencia es complicar el asunto, entreverar las aguas, confundir a los peregrinos del amor. Las decisiones, como el sexo, parten de lo personal, de lo que nace adentro, esa cosa que uno no puede marcar con palabras. La cosa. Y la complicamos. Le agregamos diatribas morales, consecuencias sociales, riesgos sanitarios, ¿Para qué, si lo mismo da?
      Es sexo catapulta una presencia y la trastoca en ausencia. Todos los temores de desaparecer, luego del acto sexual se cumplen. Y no está tan feo, ¿No? Un poco mojado, tal vez algo sucio, incluso te tiembla la pierna derecha, como a un perro. Quedás como borracho, ves amor donde hay pornografía y felicidad si la cosa viene de a muchos.
      Al final, cuando llega el momento de capitular, el sexo pasa a ser un hecho anecdótico. Algunos pueden, poco. Otros ya como que no. El especialista se llena la boca de conceptos, como sexo de la tercera edad. Mejor sería llenarse la boca de genitales, del que venga, del que elijas. Es como los helados, hay de muchos sabores. Diferentes contexturas, de acuerdo a las situaciones o el momento del día. El universo del sexo tan fascinante, y por suerte ocurre, como el hipo.

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