viernes, 5 de septiembre de 2014

Día 110: Conflictos

      Luego de ver un partido entre River y Boca me decidí a afeitarme la raya del culo. No son decisiones que uno tome apresurado, aunque luego de ver una maratón sobre la biografía del cactus, la idea de subirse a un campanario y fusilar a medio mundo se vuelve tentador.
      Así se ejerce la pasión iconoclasta, con el rigor de un sentimiento. Es hacia donde los medios de comunicación conducen, hasta la saciedad vomitoria del hastío. ¿Dónde está la ilógica? La construcción también es pausa y pensamiento, es cambiar piezas. El aparato multimediatico no deja librado al azar esa posibilidad.
      Al menos la libertad del campanario, la soledad de la altura, el viento en la cara, da tiempo para pensar. El hecho de accionar un percutor es aleatorio. Puede ocurrir como que no, los hechos aleatorios son inherentes al desarrollo de la vida. Por otra parte, la sujeción de los rumores, las tretas de la información, consciencia triturada para almas vacías, por algún lugar se venden ideologías de bolsillo que la gente compra gustosa.
      Las personas tienen miedo de que me vuelva un bolchevique amante del pasto. Les asusta la idea que salga a hacer la revolución con un palo de escoba metido en el culo. La sociedad frunce, porque es su acto reflejo. Fruncir ante lo diferente, ante lo que se desvía de la manada. Se lo señala, se lo apedrea. Se le dice, nene malo, le da un chirlo en la colita, para que no lo vuelva a hacer. El pecado es lo diferente.
      La tele no cultiva personas, adiestra lemmings para que hagan lo que saben hacer. Les enseña el placer de la facilidad, de vivir sin complicarse, sin cuestionar a la autoridad. El pensamiento de las dicotomías, de lo negro, lo blanco u todo un universo de posibilidades que la mente se pierde en esta terca insistencia de atarse a la manada.
      No todo es diferente, a veces somos más iguales de lo que creemos, como nos recordaba Orwell. El régimen de las similitudes opera en diferentes planos de existencias. Hay tramas que se conectan, que actúan en conjunto. Ver desde el cerebro y no a partir de los ojos. Abrir el campo y dejar que se presente el bosque. En un universo tan variado, tan repleto de posibilidades, será una pena quedarse con dos, blanco, negro, tan solo porque alguien más lo dice o lo hace. El viento del campanario despierta. Arrojo el fusil, y que caiga donde caiga.

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