miércoles, 10 de septiembre de 2014

Día 115: Mi techo es ningún lugar

      Existe un poco de prisa aunque no sea tanto apuro. Es la tinta que corre sobre la hoja, o la barra que avanza por el monitor a medida que se expiden las letras y los espacios. Luego, el punto que duele, el final. La pequeña muerte del texto terminado. No más. No more. La historia no tiene más para contar. Ya no hay nada más para decir, o acotar. A lo sumo quedará un burdo epílogo, o una tonta nota al pie. Algún que otro descuido del escritor.
      Se relee lo escrito. Con alegría y pena nos convencemos que ya no nos pertenece. El nene creció, armó las valijas y se fugó de la casa, no está más. Mientras más pase el tiempo, más nos va a costar reconocer algo nuestro, dado que nos es ajeno. Iluso de nosotros, nos creemos autores, que podemos encadenar el texto al fantasma de un nombre en la portada de un libro, o al pie de unas cuantas frases.

      Lo peor es el vacío. El sentirse como un dentífrico gastado. El miedo de que ya no exista nada más por decir, de callar la voz por siempre. Miedo de que el punto sea final, y definitivo. Estar al borde del abismo, y no saber si vamos a caer o si surgirá un nuevo puente, así de la nada.
      La mente no ayuda. El tiempo no ayuda. Nada ayuda. Todo conspira para hacer desistir al individuo de sus propósitos. Es una tentación a vencer, evitar que la espalda se quiebre. Las voces llaman, hablan de lo inminente. Que tal solo sea una crisis, es el deseo. Puede destruirse todo, mas algo siempre queda en pie.
      De nuevo el texto, y la imagen del dentífrico exprimido hasta su última consecuencia. ¿Quedará algo más por decir? ¿Es posible evadir la cuota de silencio que impone ese solemne momento? Los sueños quizás sean la prueba de que quizás quede algo más.
      Tal vez sea posible detener el mecanismo, activar una especie de expiación. Hay que creer en lo diferente, tener un acto de fe, aunque esté muerto por dentro. Romper con el espejismo, disolver el espanto, gritar, creer en la existencia de la vida después del texto. Volver a escribir, moribundo, vencer ese momento de lo todo dicho. Aunque no sea la indicada, aún queda una palabra.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...