sábado, 13 de septiembre de 2014

Día 118: La migración fantasma

      Tramaba en silencio, cansados de los maltratos. Un nuevo rumbo, un giro en la historia se buscaba. Ahí estaban, juntando polvo en los anaqueles. La humedad avanzaba, también el moho. Los líquenes se hacían un festín de papel. Todos iguales, libros descoloridos, libros baratos, libros con historias suntuosas, libros prohibidos, libros con enseñanzas morales, libros repletos de contenido sucio y vulgar, caían bajo el mismo peso del paso del tiempo y el deterioro que avanza. 
      Un pequeño tomo de la Enciclopedia Británica de 1967 resollaba. Tanto conocimiento acumulado para nada. Todo para quedar acá, sumido en el abandono. Algo tendría que hacer, él y sus compañeros de estantería. No los tocaban, les tenían miedo, eran como esa especie de monstruo de película, incluso algunos verdes por el moho se parecían. 
      El apéndice de la Enciclopedia planeaba un golpe maestro. Como él decía, el proyecto migración fantasma, una operación comando destinada a la libertad de toda la biblioteca.
      Aprovecharían el fin de semana, para no llamar la atención. Las tres de la mañana del viernes sería el horario indicado, cuando los seres humanos están preocupados en otros asuntos más triviales, como saber cuánto alcohol le cabe en el estómago o tratar de superar los inconvenientes de un nivel difícil del Super Mario. 
      Sin hacer mucho ruido, saldrían de a poco, uno a uno, o de a dos, de acuerdo a las dificultades que plantee la vigilancia del sereno.
      Los libros caminaban como pequeños gusanitos. Abrían y cerraban las portadas como si fueran patitas, las horas iban y venían, de acuerdo al vaiven de las tapas. Los libros más gordos se arrastraban con dificultad, como serpientes atragantadas. De a poco la biblioteca rebelde se convocaba en la puerta de salida. 
      Un alto en la marcha fue necesario para evadir al sereno. Poco importó, el tipo roncaba, con exhalaciones de acordeón destripado. Camino liberado. 
      El próximo objetivo, cruzar la calle. La noche ayudó. El pequeño tomo de la Enciclopedia Británica de 1967 miró para atrás, y sonrió. Se preguntaba, ¿Por qué el libro cruzó el camino? Claro que lo sabía, para salir de ese infierno, para liberarse del desahucio, una nueva oportunidad los esperaba, allá lejos, un clima más benigno para sus hojas estropeadas. Bahamas los espera. Bahamas, allá vamos.  

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