lunes, 15 de septiembre de 2014

Día 120: Efecto Pigmalión

      El cajón estaba vacío, como de costumbre. No habrían de ocurrir las cosas usuales aquella noche, sin embargo. Las paredes traspiraban una humedad constante. La ventana semiabierta aguardaba, mientras un ligero viento corría por la habitación. El foco de luz que colgaba del techo, desnudo, tambaleaba.
      Un intruso camina en la oscuridad. Aprovecha el percance de la ventana. Debe ser silencioso para no despertar a nadie. Va rumbo hacia el cajón que no tiene nada, y lo llena. Luego se va del mismo modo que llegó.
      Sucede cuando una familia acaudalada muere en un accidente aéreo, en el que sobrevive un joven heredero. Ocurre cuando su fortuna araña los 4 mil millones de dólares. Luego del enojo con la existencia, de las imposibilidades de realización de tamaño patrimonio, es que acontece lo inesperado. 
      El cálculo es más o menos el siguiente. Tantos dólares para una sola persona, que no los necesita, que quiere sacárselos de encima. No cree en las bonanzas del actual sistema económico. Tampoco aboga por la filantropía que ejercen sus semejantes. Decide actuar con el énfasis que merece la situación. De esa forma se libraría del escollo del dinero. 
      Si dividiera 4 mil millones entre 15 mil, más de 250 mil familias se beneficiarían. Saldría a la calle, haría las de Robin Hood. Robaría sus propios ingresos, y los redistribuiría entre los más necesitados. Una pequeña suma, una ayuda para su alma, para el resto.
      Por la noche, un millonario acaudalado merodea. Viste de negro, lleva un saco negro, que cada vez queda más vacío. No lo atrapan por un acto del destino. 
      Se deshace de todo, hasta quedar desnudo de vida. No le importa, ya no es necesario tanto ropaje, albergar dentro de sí el odio clasista, el fantasma del combate innecesario, las purgas ideológicas, ya está lejos de todo. Más lejos aún. 




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