lunes, 22 de septiembre de 2014

Día 127: Poesía sellada

      Cuéntamelo todo. Anhelo saberlo. Quiero que todo conocimiento me sea introducido. A la fuerza, consensuado, como sea. Tengo que aspirar cada línea de saber. Pegarme un atraco epistemológico. Debo hacer renacer las miles de suposiciones, los millones de posibles al alcance de una mano.
      Es lo que se preguntan los antiguos. Es aquello que intrigó a los filósofos allá lejos y hace tiempo. Montaban el show y lo dejaron seguir, como toda burda improvisación. Transcribieron el saber a libros, a través de las leyes de la herencia, bebieron el aperitivo cultural hasta las heces. El show. Montar la mímica. 
      Estoy como la cuenca vacía, al borde de la oclusión. Debo inventar un nuevo mundo adonde trasladar mis castillos. Un nuevo mañana que me deje ser libre del tiempo. Prisionero en las convenciones. Quiero secuestrarte y que me lo cuentes. Sé que lo sabes. Sé que lo puedes contar.
      El señuelo de un alocado pescador de incertidumbres revolotea por las aguas. Busca el pez su alimento y no se deja arrastrar por el engaño. Las aves danzan en círculo, permanecen inmunes al encanto. La naturaleza calla, se niega a enseñar. El hombre busca y se niega a callar. 
      Habla hasta hacer volar sus codos. Habla porque lo necesita. Habla porque no le queda otra. Habla porque los labios no pueden permanecer cerrados. Habla e intenta alcanzar un cúmulo de conocimientos que le permita ser capaz de escapar del embiste inevitable de aquella silente fuerza. 
      Lo que enseña sin palabras. Lo que el tiempo demuestra. Que nada permanece en pie. Que todo cae hasta caer y es definitivo. No vuelve a levantarse. No vuelve a volver. Queda. No hay venganza posible. No hay cizañas mediante. El tiempo se demuestra a sí mismo hasta su detención. 
      Es menos lo que falta. Es lo que quiero saber. Cuéntamelo. Dime una mentira, aunque sea piadosa, aunque sea oscura. Necesito que me mientas, que me digas lo lindo para dormir tranquilo, para no abandonar la comodidad del útero. Quiero que me cuentes, que me digas que es posible la imposibilidad de ser retenido en otro mundo, de quedarme en suspenso, en el no tiempo, hasta el fin de lo inevitable.

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