miércoles, 24 de septiembre de 2014

Día 129: Head like a hole

      Viene con agujero incorporado. Un hoyo en el cerebro. Advertencias para la ciencia mojigata. El milagro de la pesadilla avala el pensamiento mágico. Imposible evitar caer en el desvío, mojarse con el charco. El momento espera.
      Cuesta. Uno trata de desprenderse. Pero está. Se advierte. El vacío de la humanidad ante su insignificancia. Se quiere reponer aquello que es disfunción inherente al pensamiento. La vida es una ilusión demasiada larga que permite el desencanto transido de esperanza.
      El silencio arremete contra la piedad. Los crueles vallados de aquellos nacidos bajo el signo de la violencia. Fantasmas callados en nombre de la libertad. Total, viene con agujero incorporado. O a incorporar. 
      La imposición del vacío ante todo. Ruedan las cabezas. Los sacrificios y su necesidad ritual. La necesidad se avala, se institucionaliza, se comprime, se aprisiona y deja escapar lo que no entra. La aflicción pregona el abismo de lo inevitable. Vivir por nada. Por respirar. Por exhalar. Por cesar la respiración. 
      Completar el trauma es preponderante. Reconstruir el paisaje. Rearmar el laberinto. Volver a la paz fetal del sentido. Nos construimos porque así nos impermeabilizamos de la verdad. El hoyo en el cerebro aleja la urgencia del rigor metafísico.
      Nos volvimos ajenos a lo que nos es propio. El llamado de lo que hay dentro se desnaturaliza, se opera una bilocación de la necesidad. El miedo es lo otro, el fantasma. Entramos de la locura de llamar las cosas por su nombre. Nominalizar el espanto.  
      Vayamos a lo sucio. Tendremos que ahondar en la herida. Profundizar el agujero a su máxima expresión. Jugar con el contorno, desacralizar la palabra. El hoyo lo pide. Transustanciar en un rincón del absurdo. Es el humor de lo incomparable. Un común acuerdo con el sinsentido. Vamos. Disparen. Viene con agujero incorporado. 

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