sábado, 27 de septiembre de 2014

Día 132: ¡Buda 'tá nojado!

      ¡Buda 'ta nojado! Berreaba Iván, mientras la pequeña estatuilla volaba por el espacio seguro de su habitación. Buda era el héroe. Tenía que rescatar a la princesa, o sea, el diminuto auto rojo que colgaba del risco. Una voz inconfundible llamaba. La hora de comer se acerca y ¡Buda 'tá nojado!
      El nuevo cadete del espacio flotó hasta el comedor, Iván sacudía sus manitos. El vuelo era frenético. Mamá despabiló al pequeño de sus fantasías aéreas. Le pidió que dejara la estatuilla en su lugar, que era un recuerdo de Papá. 
      Iván miraba para otro lado, con los ojos entrecerrados, enseñaba su mentón. Mamá no entiende que Buda 'tá nojado. Iván alternaba las cucharadas, una para mí, una para Buda, una para mí, una para Buda. La pequeña estatua chorreaba sopa hasta por la pelada.
      ¡Pero, cosa seria! Un chirlo en la mano y a guardar en su lugar el souvenir. Mamá ponía cara seria porque sabía acerca de las dotes artísticas de su hijo. Lagrimas de cocodrilo no, Ivan, sos grande. Mirá el enchastre que hiciste. Mamá no puede estar siempre limpiando todo.
      Mami, Buda 'tá nojado. No entendía a lo que se refería. Le explicó que era una estatua, que era imposible que esté enojado, salvo que sea parte del juego. ¿Es eso, es un juego? No, mamí, Buda 'tá nojado. La frase le empezaba a resonar como un mantra.
      De hecho, la estatuilla tenía el ceño fruncido. Cara de pocos amigos. En verdad estaba enojado. Buda salió disparado contra la cabeza de mamá. Voló contra el estómago, luego a las rodillas. Mamá recibía una paliza por parte de la estatua. Iván lloraba más aún y se tapaba los ojos.
      Tanto era el enojo de la pequeña estatua que la cabeza le explotó. Aún le temblaba un poco la panza de los nervios. Mamá juntó los pedazos de la estatua, y los trituró con un martillo. Luego arrojó los restos a un tacho de basura. Ahora mamá 'tá nojada.

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