martes, 30 de septiembre de 2014

Día 135: Médico brujo

      El paciente tambalea las piernas. El doctor toma algunas notas distraído. Apenas mira a la persona que tiene en su consultorio sentada en la mesa de examinación.
      Con voz queda anuncia el diagnóstico. Adenoides inflamadas acompañada de un cuadro severo de sinusitis. El hombre se extraña, no conoce este nuevo tipo de medicina. Le pregunta al doctor si no necesita alguna clase de estudio o si tiene que auscultarlo para confirmar su diagnóstico.

      El doctor lo fulmina con la mirada. Mi ciencia es exacta, humano, dice. Ah, con razón, piensa el paciente, los nuevos médicos, ahora entiendo.
      El paciente se vuelve a vestir. Al parecer el asunto va a ser rápido. El médico lo detiene, le explica el procedimiento que tiene que ser llevado a cabo. Una serie de estímulos eléctricos acompañada de una operación de gran riesgo. Por cierto, aclara el profesional, ambas son costosas y conllevan una gran cuota de dolor.
      Parece como si el bastardo lo disfrutara. Lo debe disfrutar. Pero, ¿Qué entenderá del goce una máquina? Una chatarra diseñada para curar personas. Lo debo hacer ahora, su vida corre riesgo, dice el médico.
      Un arsenal de elementos cortopunzantes brota del pecho del androide. La operación es un éxito. Las adenoides son extirpadas. Junto el ochenta por ciento del rostro del paciente, por supuesto. 
      El pobre hombre murió no tanto por la sangre que perdió, sino por el susto que se llevó. El robot era un maníaco. 
      Con quince años de fabricación, el modelo de emergencias médicas y quirúrgicas ya merecía un service. El trámite burocrático correspondiente atrasó de modo considerable la visita del técnico.
      Mientras tanto, el robot doctor hacía de las suyas, extrapolaciones de la medicina y experimentos casuales con el mero objetivo de analizar la resistencia humana al dolor previo a la muerte. El servicio técnico de North Positronics detectó la falla de la unidad. En una semana un nuevo modelo se había colocado en el consultorio del hospital. El viejo modelo aún está encerrado. Nadie sabe cómo apagarlo. La cosa es un peligro.

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