miércoles, 1 de octubre de 2014

Día 136: Algún día nacerás

      Álvaro no podía dejar de fumar, la espera lo mataba. Qué hacen ahí dentro, ¿sacan un bebé o lo fabrican de nuevo?
      El anuncio sería inminente. Caería el médico con sus tambores, marcaría los compases del nuevo baile. Esa cosa ahora respira, pensaba Álvaro. Ya no es una cosa, se corrige, es algo. Un ente autónomo dotado de vida. Con proyección de futuro inmediato. Un pequeño individuo con sus mismas necesidades, salvo las que se mal aprenden cuando uno crece. ¿Qué es real, qué es engaño?
      El teatro de las marionetas inicia su show, el bastardo requiere atención. Así es la vida, ¿no? Ignoramos cualquier posibilidad de cagarla, hasta que la cagamos. Así nos hacemos adultos, dicen. La responsabilidad. Hacerse cargo de que la cagamos, bien hasta el fondo. 
      Álvaro pensaba en Laura, en el bebé, en los idiotas de la oficina, en el boludo de Pedro. Estaba acorralado, lo sabía, detrás del pabellón de las convenciones. Ahora estaba obligado a representar su error enfrente de las masas. Él, el buena onda, el de pensamientos liberales, tendría que llevar un cartelito que lo identifique hasta el fin de los tiempos, como prisionero en un campo de concentración, subsumido a eso que dar por llamar familia.
      ¿Y cuando el crío hable? Peor, ¿Cuando piense? Qué camino tengo que mostrarle. Mejor sería desaparecer, tramitar la nacionalidad en el Congo, fingir la muerte. Cuántas sorpresas. No, ya está todo previsto de antemano. La tendencia irrevocable de hacer el estúpido la lleva en la sangre. La heredaste de papá, ¿te acordás? Se murió y ni siquiera le diste un puto perdón. Estaba enojado, es entendible, a nadie le gusta tener un hijo metido en cosas pesadas. Un tipo tan tradicional, tan correcto. Eso no le evitó que la tumba lo abrazara como un perro aplastado en el medio de la calle. A nadie le evita ese camino.
      ¿Eso seré para mi hijo? ¿Un perro destrozado, un cero a la izquierda del cero? ¿Qué tanta sabiduría podría obtener de un idiota sin remedio? Álvaro nació demasiado temprano, muy pronto acuciado por las pequeñas tragedias del universo familiar. El pequeño Álvaro quiere fugarse a su mundo, adonde es feliz, lejos de los humanos.
      La puerta emite un chirrido. El doctor sale como un actor reluciente. La noticia es parte de la historia. Lo que Álvaro tanto temía ha sido anexado a la realidad. El pequeño Álvaro ha nacido. 

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