lunes, 6 de octubre de 2014

Día 141: Gula

      Me gustaría comerte de un bocado, apurarte hasta las heces. Quiero beberte la sangre, masticarte las articulaciones, devorarte los cartílagos. Así hasta dejarte vacío de humanidad. Hasta lo nada queda. Me acusan de caníbal, yo los señalo y me doy la vuelta, como si algo me importara.
      Estoy en un rincón de un país que no quiero mencionar, parado en una estación de servicio. Cargo nafta, porque el auto lo necesita. ¿Nadie se preocupa por las mías? Por eso tengo que escapar, hacer ruido por lo bajo, permanecer fuera del radar. Las leyes humanas no entienden acerca de mis necesidades. Creen que estoy loco, que soy una especie de reduplicación fallada del sistema, una copia fantasma. 
      No me importa tanto el sabor, es solo el modo que tengo de acallar las voces. Es lo que dicta mi organismo, está escrito en mis entrañas. Así, cada vez me alejo más del centro, en este auto viejo, destartalado. Vivo con miedo, una vez casi me atrapan, pero en realidad fue un susto ocasionado por mi paranoia. 
      Me incriminaron en la desaparición de aquella mujer, pero no tuve nada que ver. Es la verdad. Mis víctimas poco le deben a esta sociedad. Mis víctimas ya dejaron de pagar sus cuentas, en realidad. Ya nadie les fía. Están como yo, náufragos de esta barcaza sin timón. Somos parias del sistema, ¿alguien nos necesita?
      Acatamos bajo el régimen de la circunstancia. Decimos que si aunque el cuerpo diga no. La verdad es ciega. La verdad ciega. La verdad.

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