lunes, 13 de octubre de 2014

Día 148: Pesadillas para niños curiosos

      El comerciante tiene un mostrador al fondo del callejón. La luz no llega ni sale. Los compradores ingresan a tientas, como ciegos sin sombras, avanzan hasta chocar con el hombre, que recibe a sus clientes con aire distante, milenario. Su negocio florece, es la solución al cismático, la prevención de la flor rebelde. El hombre vende pesadillas para niños curiosos. 
      Unos cuantos gramos de su polvo misterioso sobre el alimento del pequeño y su mundo onírico caería bajo el influjo de todo mal imaginable. Noches eternas de sueños crucificados. Perversas intenciones de poco amigables monstruos. Amigos engañados, muertes descontroladas, sufrimiento, castigo. Despertar todavía sudado, con unas gotas de pis que mojan el pijama.
      El niño dejará de imaginar, esa es la promesa del vendedor. Su herejía de conocimiento renacerá en amor al orden y la subordinación. Los padres no tendrán mayores problemas en su crianza. El niño se comportará como un adulto, tan inevitable como repentino.
      Es la promesa del vendedor de reliquias antiguas. Está en un callejón oscuro. Espera a sus clientes, con una sonrisa burda en los labios. Entiende la psicología de los nuevos esclavos del sistema, que buscan alternativas naturales a los males que aquejan a sus pequeños. El muchacho es revoltoso, mi chico tiene un amigo imaginario, el nene es hiperquinético y no sé qué hacer. Todas las excusas, todos los caminos, confluyen, terminan en una venta y una promesa. El hombre vende pesadillas para niños curiosos. Pesadillas para niños muertos.

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