lunes, 20 de octubre de 2014

Día 155: Un fin se acerca

      Incrustada en el cerebro la bala hacía un enchastre. Por una cuota de suerte estaba vivo. Así era la guerra, decían los burócratas sentados en sus cómodos sillones mientras el humo de cigarrillo salía por la ventana. Ese mal paso de ballet le había costado una herida mortal. 
      La estadía en el hospital no era tan mala. Sábanas limpias, enfermeras con mejores modales que los carabineros del frente, un ventilador que funcionaba. ¿Qué más podía desear? El cielo no distaba de ser una promesa para niños imbéciles que todavía mojaban los pantalones. 
      A veces los sueños del frente eran normales. Había matado a unos cuantos y quién no. Te ponían unos cuantos cuerpos desprevenidos y era imposible que no se comieran algún disparo. Así era la guerra. No los culpaba. Nadie andaba tentando al prójimo para que lo matase, a veces era una casualidad asesina. Ni que hablar de aquellos que no se bancaban la situación y recurrían al suicidio.
      La muerte ni siquiera era un dilema a resolver. La pregunta que había que responder era simple, ¿por qué cosa ibas a estar dispuesto a morir? El tarado que no para de levantar la mano, el alumno aplicado responde por la patria. Sí, vayan, mueran por su país, que tanto los quiere. Carne fresca para la maquinaria, eso necesitan. La picadora de carne sacaba ricos chorizos y los vendían por kilo. 
      Un sueño. Eso era la guerra. Un sueño del que no acababa de despertar. Un mal sueño. Donde la vigilia se mezcla con la narcosis. Las imágenes de lo extraño, de un natural pervertido, las bombas se confunden con truenos, las ciudades destruidas, ahogadas en su pandemonio. 
      Memorias de nacimientos inacabados, melodías apagadas y mesas rotas. Los soldados caminan entre los escombros, a la busca de sobrevivientes o enemigos. ¿Cuáles son las chances? Aliado o del bando opuesto, ni siquiera era una elección dotada de lógica. Chances. Casualidad. Una lotería de naciones. 
      A cuantas casualidad se vende el cuerpo. Su cuerpo repuesto, sofocado en el éter. Lo van a devolver a la sociedad, así medio roto, medio repuesto, un producto de outlet, de segunda categoría. 
      ¿Cuánto tardarán en recuperar las memorias de los espacios perdidos? Reconstruir a partir de los abismos, de los huecos de las metrallas. Rehabitar el territorio selenita. Hay que echar cemento sobre las tumbas y colocar ladrillos. Los avatares de las eras geológicas. Capas que se superponen. Historias que se contradicen. Se señalan entre ellos. Se echan las culpas. El pueblo olvida. Las personas vuelven a empezar. Olvidan.
      Acostado, boca arriba. El ventilador al máximo. Hace calor, falta poco para llegar a julio. Los bombardeos cesaron. Está marcado en su piel. No puede olvidar lo que los demás ignorarán en meses. Las personas necesitan saborear el trauma de a gotas. Nadie está preparado para tomarse el vaso de un saque. Nadie resiste tamaña borrachera de realidad.
      Las voces del carnaval llaman. El verano llegó. Los niños salen a las callen. Entre ellos gritan, juegan, se tiran baldes de agua. El calor de mitad de año apremia. Un jeep pintado de verde se acerca al pueblo. Buenas noticias trae. 

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