miércoles, 22 de octubre de 2014

Día 157: El libro (de cocina) de los muertos

      Adobar las carnes, hasta volverla masacote. Un infierno particular se desarrolla en una cocina del conurbano. La comida descubre una nueva definición de negro tras salir del horno. Nadie come, nadie lo desea. Es la muerte segura. Ni siquiera un bocado es de fiar.
      La masacre gastronómica es llevada a cargo de un cocinero un tanto particular. Dice tener un libro con recetas del más allá. La comida de los muertos. Suculentos aperitivos echados a perder. Nada de proteínas, nada de contenidos grasos, nada de vitaminas B, C, H1, D4, hundido. De hecho, la comida de los muertos no tiene aportes nutricionales significativos.
      La vanguardia del mundo de la comida respondió. No tiene nutrientes, ¡entonces es un producto light! ¡excelente para adelgazar y estar en la moda! Claro que nadie preguntó si la comida de los muertos era comestible. De hecho, comer vidrio picado da más placer al estómago que este nuevo desarrollo alimenticio.
      El cocinero poco importancia le dio a las corrientes alternativas que trataron de masificar su producto. Su comida, tal como lo sostiene el libro, es para alimentación pura y exclusiva de seres muertos, no para morir ni ser muerto.
      Un revoltijo al spiedo construido a partir de dudosos materiales, tinta de pulpo decorada con vinagre y brea, semillas de manzanas cubiertas de agujas, aperitivo para la tarde o para cenar en familia. Los muertos contentos.
      Con la panza llena a los muertos le resulta más fácil acometer sus labores diarias, como asustar o no hacer nada. Por lo general no hacen nada. La inacción les es más satisfactoria que el temor generado a los seres humanos. Ni siquiera saben para qué comen. A veces tampoco saben para qué están muertos, si sufren tanto como los vivos.
      El cocinero tampoco lo sabe, no tenía otro libro de recetas. Los demás están caros, dice. Vienen importados, dice. Los libros importados salen mucha plata, dice. Por eso cocino cosas para muertos, dice. Anoche no comí, dice. Soy pobre, dice.
      No lo entendían, solo quería cocinar, por amor al arte. Tomaron a mal su mensaje. Un día, sumido en la tristeza absoluta, el cocinero se quitó la vida. Dado que el homicidio en el más allá es una propuesta infructuosa, los no vivos se preocuparán por darle una cálida bienvenida a su cocinero predilecto. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...