martes, 28 de octubre de 2014

Día 163: Intuiciones

      Ese tipo tiene cuña, me dicen. Vamos, apurate nos perdemos el vuelo, Alejandra me saca de mis ensoñaciones. Lo perdí todo, mi amor, para qué querrás esta sonrisa mefistofélica. Es que lo nuestro siempre fue a distintas velocidades. Vos querías parar al costado de la ruta, a tomar un helado y a mi poco me importaban los caminos.
      Por el bien de lo que quedaba entre nosotros decidí contratarlo. Es bueno, el tipo sabe lo que hace, Víctor, el hombre es un profesional. Me tragué la píldora como el mejor. Dejé que se metiera en mi vida, hasta el fondo, hasta las ruinas. Claro, todo de un modo muy profesional.
      Nunca le dejé pendiente una factura. Los pagos eran sagrados. Pero la cosa se estancaba. Alejandra no tenía conductas raras, dignas de llamar la atención. Si hacía lo que pensaba, lo escondía bien, incluso ante los ojos de un profesional.
      Siento que se nos hizo tarde para arreglar las cosas. Al menos podría haber dejado todo como estabas. Ella empezó a sospechar de mí. Me veía raro, distante. Incluso abrigó las mismas dudas que me llevaron a contratar a ese tipo. 
      Todo se habría aclarado, lo juro. Si no hubiese tenido que hacerlo. Pero fue su culpa, metió las narices donde no debía. Me avivé tarde que estaba en las manos de un sociópata que solo espiaba a la gente por placer, por el mero deseo de la extorsión del que observa y distorsiona los hechos diarios de la realidad.
      ¿Hay otra? ¿Ya no me amás? Alejandra me acribillaba a preguntas. No sabía que contestarle, si yo tenía las mismas dudas, si por eso había metido al tipo en esta cuestiones que suelen resolverse de a dos. Es cierto, estaba distraído, con los nervios de punta. El hombre no paraba de perseguirme. Desde el trabajo, hasta el bar, por la vereda. El tipo era mi sombra, no paraba de sacar fotos como maníaco. Seguro que adornaría alguna especie de altar aberrante con esos revelados.
      Lo paré algunas veces en la calle, pero fingió no conocerme. Todo era parte de su juego enfermo. Arruinar las cosas hasta hacerlas polvo. 
      No resistí demasiado la presión. Pude haberlo denunciado con la policía o mandarlo al loquero. Pero el tipo era inteligente, era difícil que le encuentren pruebas para dejarlo adentro el tiempo suficiente para que pueda vivir tranquilo y recomponer las cosas con Alejandra. 
      Le propuse hacer un viaje, lejos de casa. Así podíamos iniciar una nueva vida. El avión tomó altura. La calma luego del despegue. Miré de nuevo a Alejandra y sonreí, esta vez con ganas. Decime, ¿lo mataste? Estoy perplejo, no sé de que me habla. Dale, no te hagas el tonto, sabés de quién te hablo, del tipo que pagaste para perseguirme, ¿O creíste que no me iba a dar cuenta? No supe que más decir.

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