viernes, 31 de octubre de 2014

Día 166: El banquete

      Los motivos, los motivos. Hastiado de los motivos. Es el hastío de la plutocracia de principios de siglo. Es esa vuelta a empezar eterna lo que cansa. Huye, huye despavorida, pequeña paloma que revolotea sobre los techos de una antigua discordia. 
      Es una herida trascendental, la que corta el rostro de cabo a rabo. También es una bonita sonrisa. Es el amor del desahuciado. Si, pequeña paloma, huye y no vuelvas. Si de donde saca el fruto hay más. Es una fuente de nunca acabar. Le brota alimentos por doquier. Sangra manzanas, uvas y zanahorias. El pobre mentiroso no quiere saber más. Prefiere el castigo, que caiga el hacha sobre su pie. Que se rebane cada centímetro de su existencia. Corte militar. Al ras.
      Podrías escribir todo el día, con las ínfulas de un hombre que nace sin temor alguno, aunque se mee de miedo, por dentro. Podrías hablar de los motivos, del hastío que hastía. De esa semilla que se hace la estúpida. Que ignora el vuelo de la pequeña paloma.
Lo tienes que recordar. Debes evadir el trabajo de la amnesia. Tu cuerpo, adobado en flores de loto grita olvido. El modo en sus semejanzas altera la consecución de unos y ceros. Un algo, es un algo que hace algo, de algo la cosa, que coso el coso. La lengua, torpe, bruta, indómita bestia que resiste al castigo, el golpe seco del látigo.
      Le pones el moño, lo invitas al entierro. Felices los hombres. Felices las pesadillas. Añosos los espíritus que esperan, en su esperidad esperada. Comen la fruta. Muerden con hambre. Saborean con rencor. Digieren sobre la laguna de un pensamiento extraviado.
La película se exhibe de a pedazos, como el vuelo que nace de unas alas rotas. Las musas festejan su hastío. El banquete ha terminado.

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...