martes, 4 de noviembre de 2014

Día 170: La nueva broma del sol

      Como mencionamos en otra ocasión, el sol estaba enojado con la humanidad. Los consideraba unos pequeños monos sin sentido. Ellos pregonaban creencias equivocadas y se habían olvidado de él. Decidió jugarles una broma, que estuvo muy divertida. Unos millones de años después, la experiencia se repite.
      Estos nuevos seres humanos venían más equipados. Solían tener mejores ideas e incluso eran un poco más inteligentes, aunque padecían la misma soberbia de sus antecesores. El sol irradiaba su cólera por los confines de la galaxia. ¡Oh, humanidad! ¡Tesoro abigarrado de podredumbre cósmica! ¡Ignorantes! ¡Hatajo de simios! El ígneo núcleo del astro dibujaba un gesto de hartazgo sobre su superficie.
      Un buen milenio el sol dijo basta. ¡Se acabaron las prerrogativas! ¡No más bromas! El desdén ante la ignominia generada por la humanidad había llegado a un límite catastrófico. Ya no lo toleraría más. Pagarían sus culpas, y suerte con esas ilusas creencias en seres celestiales. Taimado por el paso de las eras, el sol aquejaba una crisis desde hace unos cuantos miles de años. Es el mal de la mediana edad, le advertían sus hermanas, a través de titilantes mensajes a lo largo de cientos de años luz de distancia. Nos ocurre a todos los organismos. Llegamos al pico de nuestro esplendor y luego, el largo camino al ocaso. 
      Sí, tendría que aceptarlo. Ya no era el mismo de antes. Se estaba convirtiendo en una estrella gruñona. Nada le venía bien. Hasta el más minúsculo ente irritaba sus sentidos.
      No será una broma, pero al menos me voy a divertir un rato. Nada de vacaciones. Haré frente a mis problemas, como todo astro adulto. Acepto el miedo a la supernova. Todos la tememos. Voy a arreglar mis asuntos con los seres humanos. Les otorgaré una tregua. Luego, los convertiré en mis súbditos.
       La idea infalible del sol involucraba una  cuantiosa cantidad de rayos gamma, dispuestos a derruir la atmósfera y contaminar el sistema nervioso de cada ser humano vivo.
      No hay que ser un experto para prevenir que los nuevos planes del sol para con los humanos fallaron estrepitosamente. La humanidad vivió para atravesar, y morir claro, una segunda extinción masiva gracias a su amigo, el sol. Una cucaracha salió a la superficie y puso manos a la obra en la repoblación del planeta Tierra. Una sonrisa cruzaba su rostro.

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