viernes, 7 de noviembre de 2014

Día 173: Bonustrack

      Ese condenado agregado al pie del margen. Esa última palabra que se escapa idiota de nuestros labios. Como si fuese a redefinir el estado del instante, ¿no? Iluso esperarías que alguna especie de ángel benefactor conmute tu condena y no. No hay más tiempo. Se acabó. C'est fini. Caput.
      Ante la instancia de lo irrecuperable, los últimos minutos se nos hacen un tanto bobos. Esperamos una resurrección mágica del hada de los dientes. Ese milagro que nos extraiga el molar antes de caer en la desesperación que genera un dolor de muelas. Y no. Duele. Mucho. No se va. Tenés que ir al dentista, como todo buen ciudadano terrestre.
      Soñás un mundo nuevo, diferente, como si fueses una reencarnación barata de John Lennon. En ese mundo no pasarían estas cosas. En ese mundo el deus ex machina sería ley inalienable. Una prosodia de cada momento que retumba en nuestros oídos. Todas las frases esperanzadoras. Todos los momentos celestiales. Cada vida salvada antes del tum tum de la campana. Susurras. Es mentira. No hay bonus track.
      La esperanza se alimenta como un caníbal bulímico. Arranca nuestros pedazos de buenas sensaciones y la redistribuyen al nuevo trastorno del deseo. Después hay que acarrear al muerto y soportar el olor. Así es cuando cae todo. Querés armar un modelo de virtud y salió una abominación de la galera trasera.
      No queda otra que vivir en la condena del ser. Como si eso fuese lindo, claro. Abandonarse a la causa. Dejar que unos cuantos nos tilden de negativo. ¿Por sobre cuál positividad? Amerita pensar. La realidad es una secuencia de hechos inconexos unidos por el azar de nuestra existencia. ¿Cómo creer en la posibilidad de una objetividad científica cuando a cada momento las cartas son jugadas al estilo Texas hold 'em.
      El sentido retomado, la paz de los últimos minutos en el sendero de la vida. Cuánta esperanza de gusto, tirada al balde. Tanto esfuerzo por la redención de un moribundo vía a morir del todo. El misterio y la contradicción de la especie solo resta decir. Nadie sabe si existe un otro lado. De hecho no puede ser comprobado, nadie ha vuelto del negro eterno. Y por si acaso nos damos el lujo. Ese accesorio caro que damos por llamar creencias.

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