domingo, 9 de noviembre de 2014

Día 175: Los dedos

      Los dedos saben lo que hacen. Tienen memoria. Saben como recorrer el rugor de las pieles. Tocan. Acarician. Magullan. Los que se le venga en gana. Así son los dedos. ¿qué clase de memoria digital ejercerá ese encanto? ¿es magia o tacto? ¿truco o treta? Ahí están, clavados a nuestras manos como cuchillos sin filo.
      Estos dedos de los que vamos a hablar recuerdan. Oh, si, claro que recuerdan. Tienen un pequeño cerebrito, indetectable a la vista. Así piensan, y generan sus ideas. Nada del otro mundo. No tienen planes de conquista napoleónicos. Algún que otro deseo de tocar esto o aquello. Nada raro. Estos dedos recuerdan un asesinato.
      Pobres, los usaron para matar. No querían estrujar a la víctima. Desde el vamos se negaron, pero la mano es más fuerte que los pensamientos. Por sus yemas corrió sangre. Ahora estaban manchados por las memorias de un acto inconcebible. Pobres, los mandaron a atacar, sin más. 
      Vamos a los detalles. Un poco de sangre por acá. Algo de asfixia por allá. Un tenedor clavado en una costilla. Una patada a la mandíbula. Cosas así. Un asesinato con estilo. Una virgencita desconocida llora por sus pecados. Oh, Dios, santísimo patrono de los cielos, venga a nosotros tu piedad. Ten misericordia de estos pobres dedos, corderos, luceros, primeros, verdaderos, con todos sus miedos, pobres dedos. 
      Fax de último momento. Dios no existe. Está exiliado en el abismo de la no existencia. Oh, pobres dedos. Sin salvación. Condenados a obedecer. ¡Vamos! No mientan, ¡si se morían de ganas! El estúpido merecía morir. ¿Lo vieron? El imbécil se confesaba como ante un dios. El patrón no era tan malo después de todo. 
      O sí. La duda, la duda, la duda eterna, de saberse dedo y no pensar como hombre. Oh, duda. ¿Por qué unos cuantos dedos tenían que ser tan trágicos para con la vida? Si desconocían de morales, de conocimientos. Para ellos todo era placer, orgasmo puro. Cada roce, cada golpe. Sí, también los golpes contraen sus glándulas de placer extremo. ¿Y el dolor? Engaño de los sentidos, una confabulación de los nervios, que quieren derrocar todo, como dictadores tercermundistas. ¡Qué nervios desalmados! Es la envidia, la envidia que los muerde por adentro.
      En el cúmulo de sensaciones estos dedos, que matan, que aman, que tocan, pero que no dejan de ser dedos, brillan con una lucecita que creemos le es propia. Quizás es pronto para independizarse. Tal vez sea pronto para hacer un pedido de autonomía. Ya veremos cuando deje de ser pronto. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...