viernes, 14 de noviembre de 2014

Día 180: Campaña de prevención N° 1

      El mal es asintomático. Se te mete por dentro como una pulga sediciosa y te destruye. Hasta hacerte mierda. Así dicen. Es una enfermedad tan extraña que ni en los manuales más modernos de medicina aparece. No se cura con terapias alternativas ni con pastillas de las ilegales. Ahí lo tienen, en todo su esplendor, el flagelo de la idiotez. 
      Pero si hasta la cara te acompaña en esas ocasiones en que tomamos el camino equivocado. El idiota es así por decisión propia. Es una postura estudiada, prefijada. Nada asociado a la contingencia o los avatares del incierto. Lleva su tiempo ser un buen idiota. No es para cualquiera. Y sin embargo, sabemos que está mal. Luchamos contra eso como si fuese un cáncer que te devora la boca del culo. Bueno, hacemos como que luchamos. En realidad no luchamos un carajo. Si nos encanta ser idiotas. Al menos así dejamos de hacernos cargo por un rato de nuestras propias limitaciones.
      El acto de la idiotez no conlleva a la contrición. El idiota está bien orgulloso de serlo. Incluso peca de intolerante. Dentro de las gamas más peligrosas de la estupidez humana se encuentra el fanatismo. Fanatismo para todo. Es la declamación última del dogma sobre la reflexión y el valor de las ideas. Es el avasallamiento de una idea en pos del respecto de consignas que suelen carecer de sustento explicativo.
      Cada tanto el ser humano se autoinocula algunos milímetros de sensatez en la sangre, como para no levantar sospechas. Pero la idiotez es una enfermedad autoinmune. Muere y se regenera. Luego ataca al organismo como si nada. Y caemos de nuevo en frases carentes de ubicación, en acciones proclives a exacerbar nuestra pública vergüenza o, en el peor de los casos, el acto macabro que nos condenaría a un exilio inmediato. Condenado al ostracismo por siempre.
      Del mismo modo en que actúa el párkinson, la idiotez es un trastorno neurodegenerativo. No podemos evitar sentirnos idiotas. Actuar como idiotas. El tiempo nos vuelve idiotas. Y así sucesivamente. Es recomendable que nos realicemos cada tanto los análisis pertinentes para detectar el avance precoz de esta enfermedad. Acérquese a su biblioteca más cercana y pida a su bibliotecario favorito una prueba de detección de idiotez. Cuidemos nuestra salud mental, su familia y sus amigos se lo van a agradecer.

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