martes, 18 de noviembre de 2014

Día 184: Ganso pico rojo

      El riñón estaba tirado a un costado de la calle como una latita aplastada. Hace unas horas atrás se encontraba dentro de un cuerpo con vida, ajeno al destino que le esperaba. Ahora adornaba el piso, con un poco de olor y unas cuantas moscas en la superficie.
      En la cesta de basura colgaba un pulmón. El derecho para ser más precisos. Se encontraba un poco ennegrecido por el alquitrán del cigarrillo. Unos metros más adelante un dedo ensangrentado decora la ventana de una casa vieja.
      En el esqueleto de cemento de su estructura reposaba el muerto y sus pedazos en la ciudad. En el otro extremo de la calle se encuentran los restos del asesino. Un poco más arriba, cerca de las nubes, está el verdadero culpable de los crímenes. No es humano, tampoco extraterrestre, ni siquiera un ser celestial. Es un ganso. Un ganso volador asesino de seres humanos.
      Al muchacho le gusta despedazar personas. Es su hobbie favorito, luego de comer y hacer popó. No hace discriminaciones de ningún tipo. Toda persona le viene bien. Las pequeñas, las mayores, los locos, los enfermos, los deportistas y las prostitutas. Todos son carne fresca de ganso.
      Algunos etólogos han analizado su comportamiento. Lejos de las teorías que vinculan al ganso con el desquicio de un brote psicótico, los expertos intuyen en el animal una sed de venganza. Creen que ya no fue el mismo desde la muerte de sus padres.
      Dicen los rumores que los encontró en una góndola de supermercado. Dentro de una lata de paté fois gras yacían lo que restaba de su familia. Desde entonces juró venganza a la raza humana. No descansaría, por cierto, hasta destrozar el último hombre sobre la Tierra. Una apuesta arriesgada, por cierto, pero muy gratificante. 
      Los vigilaba desde el cielo. El ave asesina descendía en picada, como un avión en llamas y arrancaba de a picotazos los pedacitos del sujeto elegido. Así hasta la muerte. Así hasta la saña descubierta. No es para tanto dirán. Pero sí lo es. Ganso pico rojo. Así le dicen. En las redes sociales lo veneran. El modelo de justiciero en blanco y pico ensangrentado. Al ganso poco le importa la fama. Solo quiere ser libre, estar en paz. Hasta terminar la tarea.

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