jueves, 20 de noviembre de 2014

Día 186: Nociones de escapismo

      Para escapar no se necesita una valija muy grande. Es realidad se trata de amar con desmesura. Una pizca de sentimiento. También hace falta unas cuantas nubes en el cielo. No importa su tamaño. Luego viene la parte difícil.
      Hay que mirar para arriba y dejar la mente vacía de malos recuerdos. Abrazar al cielo hasta que nos permita volar. Figurarse como un avión. Dejar atrás las neurosis y la cacona de las ciudades.Que lo malo quede abajo, en lo subterráneo de las cosas.
      No tiene por qué ser un gran escape. Importa la intención del giro, aunque sea un accidente, a pesar de los vuelcos, sin prestar atención a la sangre derramada y las vísceras que se dejan en el camino. Hay que estar al costado de la civilización. Más cerca de lo distinto. Las palabras cada vez son más inútiles. Es lo que marca el avance del tiempo. Las palabras y su sinsentido.
      Mejor callar. Aprisonar el silencio entre los labios como un bien preciado. Volar en llamas. Volar hecho pedazos. Una llamada desesperada hacia ninguna parte. La suerte del limbo. La fortuna de los sin sombras. A veces hay que olvidar más. Abandonarse a una corriente de las tantas. Defender a las circunstancias aún en el escepticismo.
      Lo mejor es dejar que a los soliloquios se los coma el viento. Dejar que ceda al influjo antropófago. Noches salvajes bajo la lluvia. Atrocidades coadyuvantes al ojo despierto. Lo importante es el escape y dejar la valija vacía.

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