domingo, 23 de noviembre de 2014

Día 189: Zombies

      Constipado emocional. La traición de los esquemas. Es por un bien mayor. Por el bien de la expulsión. Las purgas del alma. Como un nuevo día nace y detiene el ritmo del tiempo. La vida viene sin cronómetro a mano. Se vive a través de sensaciones y se muere a través de otras tantas. Es un camino rectilíneo, con algunos tumbos.
      El parámetro de un recuerdo perdido que no condiciona el abismo que lo mesura. ¿Hay alternativas? La pregunta, ¿hay alternativas? ¿es una maldición? O la dicha. La maldita dicha de sentir demasiado y actuar poco. El veneno de la inacción. La inmovilidad de las cosas. Reside el estado de una situación en su limbo mismo.
      Anochecer será cuestión de tiempo si las horas lo permiten. Algún día todo será un recuerdo feo. Algún día todo será olvidado. Fue inevitable. El catálogo de las naves, la vuelta al hogar, nada pudo escapar. Nadie vuelve a casa. Retorna al seno. Ítaca allá lejos. 
      Melancolía como moneda de cambio. Un sucio reemplazo, bastardo, odioso. No es suficiente. Algo pide más. No conforme a su constitución el cristal rompe la cárcel. Nace en un período de tiempo recortado por historias del pasado. Buenas anécdotas. Cuentos a la luz de una vela apagada. Pequeños rectángulos pegados al borde de la calle. 
      Y el condenado desvelo. Nadie piensa en la ansiedad de estar despierto. En realidad nadie piensa. Somos un cúmulo de impulsos sobrepuestos uno encima del otro. El engaño de la razón. Otro modo de la mentira, eterna, rancia, aberrante. Es sintomático, movilizante. Supura carne muerta. 
      La luz no brilla si no es a través de la carne. Estamos desnudos sin saberlo. Cargamos el cadáver. Hasta las últimas consecuencias.

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