martes, 25 de noviembre de 2014

Día 191: La sedición de los fracasados

      Insurgentes. Pueblos levantados contra el penar diario que acogota sus cuellos contra el estiércol. No desearon organizarse. No contaban con el tiempo suficiente. Ahora o nunca. Fue ahora. No les llevó tanto trabajo. Menos del esperado en realidad. La pregunta. Importante. ¿ahora qué hacemos?
      Las principales naciones fundaron sus imperios sobre las bases del cooperativismo. ¿Dónde estaban las naciones? Se retiraron a los bosques, para vivir en libertad. Les dejaron el quilombo servido en bandeja. Todo muy sospechoso, alguien diría. No hagamos hincapié en las direcciones. Los rayos de luz se disparan y nadie les pide cuenta de su trayectoria. El caos es la organización y prima por sobre todas las cosas.
      El poder es como un tic nervioso. No se puede evitar aunque quede feo. Causa gracia, aunque por lo bajo pueda esconder algo peligroso, difícil de captar. Y la pregunta que aún resuena, ¿ahora qué hacemos? darse a sí mismo lo que es de sí mismo, algo así sería la consigna ciudadana. Olvidar los años bajo el yugo imperial. Memoria es olvido. Olvido es salud.
      El fallo recurrente de la gobernación desaparecida. ¿A quién echarles las culpas? ¿Tiempo de hacerse cargo del desastre? Ante el ojo de la utopía las risas son demasiadas. Nadie desea la perfección. Un poco mal tienen que estar hechas las cosas como para que nos den ganas de arreglarlas. 
      Casos de regresión. Hay ganas de volver al útero. La militancia materna. Bebes ansiosos por beber de la teta del gobierno exiliado. Pero los pechos de la madre están envenenados. Supuran el odio clasista y combativo de la especie humana. A veces es un error de puntuación. Falta un respiro textual. Se perdieron en el bosque. Los extrañamos. Vuelvan. Vuelvan. 

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