miércoles, 26 de noviembre de 2014

Día 192: Mamá burocracia

      Una diarrea de papeles. Mamá burocracia acaba de parir un cuento enorme. La labor de partos le llevó dos semanas y cincuenta y dos minutos. Los requisitos para el visado de los formularios correspondientes retrasaron los trámites. 
      La infracción por cesárea amenizó el caga-caga. Pobre mamá burocracia. Está destrozada de tanto hacer fuerza. La cara pálida, blanco mate, desentona con los litros de tinta que salen de sus entrañas. Qué desvergonzados, nadie quiere hacerse cargo del enchastre. Todo tan sucio. 
      Mamá burocracia señala a los doctores con sus dedos gordos, también a los anestesistas y a las enfermeras. Total, son todos sus hijitos. El bendito mundo era su hijo. Nadie escapaba a su maternidad. Incluso las ballenas reconocían que ciertos trámites alimenticios requerían la firma de los pliegos marítimos.
      Parió con asco y salió a la calle. Caminaba con pasos anchos, laterales. Tenía un miedo bárbaro. A ver si la reconocían y la golpeaban toda, a ella, una madre, ¡que nadie lo permita! Su estado era delicado, cualquier vivo podría derrocarla de su estado de madre reina. 
      Todos cagatintas. Ellos, con sus portafolios sagaces, contaminando las veredas. Es sabido, algún día va a terminar mal la cosa. Como una revolución, pero con fuego y cosas quemadas. Así hasta que caiga la noche. La madre saldará sus cuentas con esos hijitos desagradecidos. No hay que esperar demasiado. Falta poco.

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