jueves, 27 de noviembre de 2014

Día 193: El búho arremangado

      El agua lo tapó todo, hasta la casa del búho arremangado. Pobre vigilante del bosque, nadie lo ayudaba a sobrellevar una vida tan sacrificada. En una anterior inundación había perdido a su familia. Durante un asalto a mano armada fue herido y no pudo volar de nuevo. Así pasaba las horas, despatarrado en su sofá, antes que el agua se lo llevara a pasear.
      Le gustaba sentarse a fumar una pipa, con los pantalones arremangados. Leía unas novelas baratas, atizaba el fuego de la estufa. Vida de búho viudo. Pero el mayor placer venía de arremangarse los pantalones. Una brisa agradable le recorría las patas. El vientito era lo único que le hacía olvidar por un rato a mamá búho y al abuelo.
      Por suerte no había traído pichones al mundo. No es que le alegrara demasiado el panorama, pero por otro lado, tampoco tenía mucho más que añorar. Aparte de la soledad. Igual eso pasó hace mucho tiempo, cuando vivía en otro bosque. Las tempestades dañaban el barrio con asiduidad. Solo algún que otro patito mojado lo disfrutaba. 
      Ahora la historia se repetía. ¿Como idear un escape sin tener siquiera la ventaja natural del vuelo? El pequeño búho respiró e hinchó el pecho. De ésta iba a salir. Como sea.
      El agua no lo dejó pensar mucho. Irrumpió en su casa sin pedir permiso. Se tomó demasiadas gentilezas como para ser un viejo extraño conocido. Se llevó las sillas, le arruinó la comida, los recuerdos de su familia, las ramitas de la cama. El búho fue tomado por la corriente.
      Con desesperación movía las alas y pataleaba. Giraba la cabeza de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de su pico brotaba el ulular frenético, desesperante, de la vida que se iba. Estaba tan agitado. Ni se dio cuenta. Seguía vivo. 
      Sin proponérselo el búho había aprendido a nadar. Con sus extraños movimientos había domado la corriente. Ahora pataleaba a sus anchas, como si fuese una pileta olímpica. Aquella fuerza irremediable de la naturaleza que otrora había despedazado parte de su vida, ahora se la había devuelto.

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