sábado, 29 de noviembre de 2014

Día 195: El show debe continuar

      Un solo vaso, un solo puto vaso, nada más. La fiesta sigue. Hasta el maldito puto final. Estoy borracho, no apto como para firmar un segundo concilio de Trento. Muevo las caderas de manera estúpida y eso a la gente le gusta. Sí. Disfrutan con el mono. Vean bailar al mono. Arrójenle un chopp de cerveza al mono. 
      Están todos hecho mierda. El mayor desconche de la galaxia, decían. No se equivocaron. Ya llevamos dos años y cinco meses en un estado de fiesta perpetua. Lo festejamos todo. Ya son como mis hermanos. Como mi propia sangre. Los amo. Gritemos fuerte cosas incoherentes. Ese tarado me sacó la lengua. No lo conozco.
      La mitad de las mujeres están embarazadas. La otra mitad es estéril. No sé por qué será, ¿cómo es que ocurren esas cosas? Tampoco quiero ser un padre de la moral y la razón, el alcohol traiciona mis sentidos. La barba pica de a ratos. Los hombres parecemos salidos de un concierto de ZZ Top. La volición de joda por sobre todas las cosas. No aguemos la felicidad.
      A veces ni sabemos por qué brindamos. En otras ocasiones chocamos tan fuerte los vasos que algunos terminan como astillas de vidrio en el piso. Peter Sellers es la idea, pero más bien cae una imitación barata de Hotblack Desiato. Un año muerto no sería mala idea. Peor es ser evasor de impuestos.
      Hace unos meses prendimos fuego unos cuantos maniquíes. Fue divertido. Por error incendiamos a uno de los barman. Eso no fue tan divertido. Bueno, un poco. Cuando giraba en el piso y gritaba, hacía ruidos graciosos.
      Conocí a una chica y me enamoré. También me dio tiempo a desenamorarme. El tiempo pasa rápido bajo el vértigo festivo. Me la crucé un par de veces. Hace dos meses que no la veo. El recinto es grande, enorme, como dos o tres canchas de fútbol pegadas una al lado de la otra. 
      Algún que otro perdido en el opio se zarandea al ritmo de old time rock and roll. Yo prefiero quedarme quieto y ver todo. Al menos cuando la bebida me lo permite. No me gusta la música. Me lastima los oídos. Prefiero el silencio. Es la mejor vacuna de paz. 
      Dicen que la fiesta se va a acabar. Que nos van a cortar el crédito. Van a cerrar las persianas, dicen. Pregunto, ¿cuál es la diferencia? Un vaso más, un vaso menos. Nada cambia. Algunos están asustados. A mi me importa todo un choto. Puedo esperar tranquilo a que me traigan la cuenta.

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