domingo, 30 de noviembre de 2014

Día 196: Reencuentro

      Es un radioteatro barato que no deja de sonar. Cuenta la historia de un perdedor. Resulta que conoce a una chica hermosa, la mujer de sus sueños. Quiere tenerla en sus brazos, pero sabe que no tiene nada para ofrecer. Una noche, camino de regreso a su casa, la encuentra en el micro. En circunstancias normales, sus caminos no se habrían cruzado. Ahora estaba sentada a su lado. Con gesto nervioso, el muchacho se rasca la nuca y mira de reojo. La chica lee un libro viejo de tapa blanda. No tiene título en la portada.
      No acierta a encontrar las palabras adecuadas. Le brota una obviedad grande como una mansión. Así que te gusta leer, dice. La chica pregunta qué dijo, no lo escuchó. Si, claro, le gusta leer, es para pasar el rato. Una pregunta que llega tarde. Ya tiene que bajarse.
      La sigo, me quedo. Me animo a quedar como un imbécil. Dudas y más dudas. A veces hay que creer en el amor. Es lo que dicen. Aunque la incertidumbre te haga creer en otras cosas. El pasado también es diferente a lo que puede llegar a venir, nadie lo cuestiona. ¿Y ahora, qué hacer? Claro, ya la chica se bajó, y está camino a su casa. Un pequeño cruce de miradas deja prendido por unos instantes el fósforo de su ilusión. 
      Cae la noche. El muchacho no puede dormir. Da vueltas en la cama. Está ansioso, lo comen los nervios. ¿Y si no la veo nunca más? ¿y si todo fue algo de mi mente? Voy a morir solo, esa es la verdad. Cerró los ojos. El feto gigante concilia el sueño. 
      La chica tiene sus preocupaciones. No recuerda al muchacho. Le pareció lindo, para qué negarlo. Sigue con su vida. Los compromisos con la especie humana. Simular con sus padres. Solucionar problemas en el trabajo. Planes para el fin de semana con Lucas. ¿Adonde lo conduciría esa relación? Lo amaba, es cierto. Pero lo especial se había fugado. Una noche como esta, seguro. Abrió la ventana y se fue. Desde entonces tanteaba a oscuras las paredes de su noviazgo. El otro día habían tenido una conversación, de esas serias, de las que terminan en lágrimas y promesas dudosas.
      Una mañana cualquiera él sale para despejarse. Ella quiere aclarar su mente, camina desprevenida. Él se sienta en el banco de una plaza. Mira perdido a las palomas. Ella no puede retener las lágrimas, necesita descansar. Él todavía la recuerda. No me conoce, ¿la saludo? Está contento. Una nueva oportunidad. La chica no se siente bien. Los ojos enrojecidos la delatan. ¿Te pasa algo? él y sus preguntas obvias. Ella no puede evitar sonreír. Es un tontito simpático. 

No hay comentarios.:

Linkwithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...