lunes, 1 de diciembre de 2014

Día 197: R'lyeh

      Monstruoso. Exponencial. Un ego desmesurado. Agostado. El sentimiento, magnánimo en su expresión, es la incidencia que acobarda. La morisqueta despótica se abalanza sobre los despojos del muerto.
      Comerás sus restos, ante el pesar de un amanecer retardado. Ese señuelo de la exageración nos incita a recapacitar, a mostrar una situación fallida.
      Una cadera quebrada sobre el cuerpo de los años. Mueve los peones. Quema los alfiles. No deja de beber el llamado del fuego. Morir como un monstruo, como eso que se esconde detrás de la puerta.
      En la oscuridad nos despierta. Es una incitación silente. En la ciudad eterna, Cthulhu vive, en R'lyeh donde reina entre las sombras. Adormilado aguarda, un momento de piedad, lo muerto en vida de oportuno tiempo.
      Seremos su recipiente. Aguardaremos lo que venga su golpe calculado. Yaceremos en la misma tumba, hacia los reflejos del constante perpetuo. 
      Si de caminos trata los silencios arrepienten. La carne de los muertos, el sacrificio al Dios oscuro, retorna el útero a su semilla. Mora Cthulhu en su letargo, de la espera es, el hacia dónde, el por cuándo y por tanto. Su raíz podrida son nuevos deseos de un antiguo anochecer. En su espejo recita, ¿Cómo serás? ¿Cómo serás?

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