miércoles, 3 de diciembre de 2014

Día 199: Una fuga

      La serpiente machacaba con su sinuoso paso por las puertas del paraíso. Le perdonaron la vida. Esos dos hombres estaban armados hasta por las dudas. Temblaba de solo recordarlo. Hubiera deseado que existiese algún tipo de divinidad que la protegiese. Pero bien sabía, como cualquier especie animal, que todos éramos carne de gusanos.
      Debo montar algún teatro, algo que les dé lástima. Necesito la conmiseración de su especie, algo que me deje vivir en paz, pensaba. El olor de viejos inciensos confundían sus sentidos. En una borrachera de colores se mezclaban sus añoranzas, momentos de cuando la Tierra les pertenecía.
      Algún truco para desaparecer. Eso ocurrió. En una noche desalojaron todo. Lo dejaron vacío. Ahora las puertas del universo eran una pobre imitación de la realidad. La serpiente reptaba camino a su propio éxodo. 
      Dejarás el reino para coronar una nueva andanza. Así la habían criado, para sobrevivir por sobre todas las cosas. Deseos mortales. Fugas evanescentes. Correcciones del temple. La serpiente abandonó el paraíso sin mirar atrás. 

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